miércoles, 1 de febrero de 2017

Sísifo, de apellido Godínez

Apeiron Romero
01 de febrero 2017
Sí, lo sé, lo puedo ver perfectamente en el fondo de su mirada, muchos de ustedes me desprecian por llevar una vida godineazea, gris y vasalla. Y creanme, yo también me odio a veces por ese mismo motivo.
Parafraseando (y confirmando) a Bukowski diré que sí: levantarte a horas de la madrugada, ir al baño sin tener ganas, comer algo sin tener hambre, para luego ir a enlatarme sobre cuatro ruedas, con el único fin de encerrarme ocho horas a realizar tareas monótonas y muchas veces inútiles, te mata un poquito el alma.
En realidad las cosas que mucha gente hacemos no deberían ser realizadas tan temprano, pero nuestro ritmo de vida así lo exige. Nos levantamos temprano porque hay que aprovechar al máximo el tiempo. Minutos que el siervo o el obrero pierdan en cosas tan innecesarias como el descanso, la recreación o el crecimiento personal representan, se traduce en centavos que el dueño del feudo o empresa pierden, y eso no debe ser así. Como ya lo había dicho antes, el patrón debe ser inmensamente rico para darte el dinero que te ganas partiéndote el lomo, porque el patrón es generoso y para que te vuelva a dar empleo es necesario que te esfuerces un poquito. Para poder hacer todo lo anterior tenemos que convencernos de que al que madruga Dios lo ayuda.
Si eso no fuera suficiente, tenemos que adiestrar a los más pequeños para que se vayan acostumbrando y por eso, despiértalos bruscamente, sácalos de la cama temprano, quítales las chinguiñas de los ojos, rellenales la panza y llévalo a rastras a la escuela, de esa manera replicamos el modelo... les enseñamos a nuestros crios a hacer aquello que odiamos porque la vida es así. Y si no lo creen rematemos la semana llevándolos a misa de siete.
Y si todo lo anterior le añadimos que me gusta dormir a la una nomás tonteando y picándome la nariz para ver qué se siente... pues estoy jodido, seguro tendré sueño desde temprano hasta que llegue la noche.
Hoy no puede más, mi cuerpo se puso en estoica resistencia y se siguió dormido por media hora más. Ese acto heróico digno de Aquiles tuvo su recompensa, él la inmortalidad de su nombre, yo un poquito de felicidad: generalmente la primera alarma suena y la apago, pero cuando suena la segunda me levanto aventando cobijas y pisando torpemente por todas partes haciendo un ruido que, a pesar de lo que quisiera, la despierta a Ella. Hoy no, hoy mi cuerpo apagó las alarmas y siguió dormido hasta que ella me acarició la mejilla y me dijo: ¿no vas a ir hoy a trabajar amor?. El roce de su mano en mi cachete fue un pedacito de gloria por adelantado. No fue necesario refunfuñar, ni maldecir en el baño mientras me alistaba, la motivación fue más que suficiente para que este Sísifo empuje su piedra hasta la cima sin un rasguño... y además de todo ha empezado a llover. Sí, sé que a veces me desprecian. Hoy modestamente les pido, no me envidien.

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