viernes, 3 de febrero de 2017

Las aparentes apariencias


Apeiron Romero
02 de febrero de 2017
Quizá la palabra “holograma” nunca había se había ceñido tanto a su origen etimológico como en estos días: “Holo” significa Todo, y “grafía” es una descripción o representación, como en el caso de las “grafías” o letras que son representaciones ya sea de las palabras sonoras, o de los conceptos a los que se refieren. Holografía pues, en una traducción muy burda, es algo así como “todo representación”.
Pensemos en el holograma que utilizaron para realizar un concierto en el cuál Selena, ya muerta hace mucho tiempo, hacía un despliegue escénico de todo un recital. En realidad era una imagen en dos dimensiones, pero parecía real, era todo pura representación, pura ensoñación que permitía que sus nostálgico fans tuvieran la ilusión colectiva de que Selena les cantaba, cosa que evidentemente no sucedía (bidi bidi bam bam).
Bueno, pues como ya señalé, lo anterior pretendía recrear algo en tres dimensiones cuando en realidad sucedía en dos. Pues bien, hace un par de días un grupo de científicos de varios lugares han aportado resultados de ciertos experimentos que me resultan sorprendentes. No estoy muy autorizado para explicarlo, pero por lo poco que entiendo es más o menos así: Desde la década de los años noventas del siglo pasado, se tiene le idea de unificar la teoría gravitacional de Einstein y la teoría cuántica explicando que el universo que observamos es en realidad un complejo holograma a nivel cuántico. Es decir, parece que todo lo que observamos en ese escenario impresionante llamado universo es sólo la proyección que nos ha dejado un temprano Big bang. El universo es una pantalla plana en el cuál se proyectan estrellas, constelaciones, galaxias que parecen tener una realidad 3D aunque, insisto, es en 2D.
Todo el universo resultaría aparente (en cierto sentido). Si ya para mí era mucho pensar que la estrella que veo a lo lejos emitió su luz hace miles de años, y yo la puedo ver porque esa luz apenas está llegando a mí aunque quizás esa estrella ya ni siquiera exista, imagínense pensar lo mismo de todo el universo, sinceramente me pone la piel de gallina.
Sin embargo todo ahora resulta similar, sociólogos desde el siglo pasado han elaborado teorías que afirma que nuestra sociedad se mueve en realidades aparentes. En las que además de las realidades virtuales tecnológicas, hay otras convenciones sociales que también resultan aparentes: los valores morales, los políticos, son meras suposiciones, hologramas.
Hoy en día es más importante lo que pueda decir un presidente por tuiter que lo que realmente hace en su labor política. Lejos estaba Maquiavelo de imaginar hasta dónde hemos llegado con esta simulación por parte de los políticos y más aún, de los propios gobernados que aparentamos movilizarnos por medio de redes sociales holograficando nuestro descontento con una holográfica democracia.
 Resulta ocioso buscar la verdad, no porque no exista, sino porque a nadie parece importarle (importarnos), preferimos seguir preocupados por las cosas que no pasan en realidad que en organizarnos porque realmente pasen, al fin y al cabo nos encanta la fantasía, hasta aquella que no nos conviene, quizá porque hemos estado tanto tiempo metidos en nuestros hologramas que ya olvidamos lo que sí corresponde a la tercera dimensión, igualito que con el resto del universo que observamos. ¡Ay Platón! Seguimos sumidos en nuestras cavernas.

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