Apeiron Romero
02 de febrero de 2017
Quizá la palabra “holograma” nunca había se había ceñido
tanto a su origen etimológico como en estos días: “Holo” significa Todo, y “grafía”
es una descripción o representación, como en el caso de las “grafías” o letras
que son representaciones ya sea de las palabras sonoras, o de los conceptos a
los que se refieren. Holografía pues, en una traducción muy burda, es algo así
como “todo representación”.
Pensemos en el holograma que utilizaron para realizar un
concierto en el cuál Selena, ya muerta hace mucho tiempo, hacía un despliegue
escénico de todo un recital. En realidad era una imagen en dos dimensiones,
pero parecía real, era todo pura representación, pura ensoñación que permitía
que sus nostálgico fans tuvieran la ilusión colectiva de que Selena les
cantaba, cosa que evidentemente no sucedía (bidi bidi bam bam).
Bueno, pues como ya señalé, lo anterior pretendía recrear
algo en tres dimensiones cuando en realidad sucedía en dos. Pues bien, hace un
par de días un grupo de científicos de varios lugares han aportado resultados
de ciertos experimentos que me resultan sorprendentes. No estoy muy autorizado
para explicarlo, pero por lo poco que entiendo es más o menos así: Desde la
década de los años noventas del siglo pasado, se tiene le idea de unificar la
teoría gravitacional de Einstein y la teoría cuántica explicando que el
universo que observamos es en realidad un complejo holograma a nivel cuántico.
Es decir, parece que todo lo que observamos en ese escenario impresionante
llamado universo es sólo la proyección que nos ha dejado un temprano Big bang. El
universo es una pantalla plana en el cuál se proyectan estrellas,
constelaciones, galaxias que parecen tener una realidad 3D aunque, insisto, es
en 2D.
Todo el universo resultaría aparente (en cierto sentido). Si
ya para mí era mucho pensar que la estrella que veo a lo lejos emitió su luz
hace miles de años, y yo la puedo ver porque esa luz apenas está llegando a mí
aunque quizás esa estrella ya ni siquiera exista, imagínense pensar lo mismo de
todo el universo, sinceramente me pone la piel de gallina.
Sin embargo todo ahora resulta similar, sociólogos desde el
siglo pasado han elaborado teorías que afirma que nuestra sociedad se mueve en
realidades aparentes. En las que además de las realidades virtuales
tecnológicas, hay otras convenciones sociales que también resultan aparentes:
los valores morales, los políticos, son meras suposiciones, hologramas.
Hoy en día es más importante lo que pueda decir un
presidente por tuiter que lo que realmente hace en su labor política. Lejos
estaba Maquiavelo de imaginar hasta dónde hemos llegado con esta simulación por
parte de los políticos y más aún, de los propios gobernados que aparentamos
movilizarnos por medio de redes sociales holograficando nuestro descontento con
una holográfica democracia.
Resulta
ocioso buscar la verdad, no porque no exista, sino porque a nadie parece
importarle (importarnos), preferimos seguir preocupados por las cosas que no
pasan en realidad que en organizarnos porque realmente pasen, al fin y al cabo
nos encanta la fantasía, hasta aquella que no nos conviene, quizá porque hemos
estado tanto tiempo metidos en nuestros hologramas que ya olvidamos lo que sí
corresponde a la tercera dimensión, igualito que con el resto del universo que
observamos. ¡Ay Platón! Seguimos sumidos en nuestras cavernas.
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