martes, 17 de enero de 2017

¿Y si Fuenteovejuna?...

Apeiron Romero
17 de enero de 2017
Seré sincero: este texto me costará más que otros que he redactado en esta pequeña columna. Desde aquí se han tocado todo tipo de temas intentando ser lo más honesto posible (a pesar de que es notorio que a veces se usa cierta exageración en aras de detalles estilísticos), pero sin caer en la “nota roja” porque ese tipo de enfoques nunca me han interesado. En esta ocasión se pretende algo similar, pero no será tan cómodo porque eso que llamamos “realidad” ha golpeado de manera más frecuente y pesada el pequeño pueblo en el que se desarrollan mis historias. Me cuesta trabajo no caer en un determinado tipo de cursilería pero debo aceptarlo: San Miguel de Allende, igual que muy buena parte del país, ha caído en una vorágine de violencia que nos ha golpeado y sigue golpeándonos brutalmente.
Creo también, parafraseando a Karl Marx, que el derecho no es un asunto que esté diseñado para protegernos a todos, ni de darnos libertades, ni igualdad. El derecho se ha hecho para favorecer a quienes hacen las reglas, a los que tienen el poder, a los que lo ejercen sin bloqueos moralistas. Por eso resultará ridículo que apele a la “legalidad” o al “debido proceso”  líneas más adelante, pero concédanme que aunque yo no creo en la validez del derecho vivo en una sociedad regida por él y más me vale intentar entenderlo porque así puedo jugar las reglas del juego, aunque no me guste la jugada.
El fin de semana se suscitó un hecho en la ciudad de San Miguel que ha sido bastante difundido por medios noticiosos de todo tipo. Al menos yo lo he visto en redes sociales, en telenoticieros de cobertura nacional y en programas noticiosos de radio también de alto alcance. Trataré de ser breve en la descripción entre otras cosas porque la información que poseo es poca y confusa, así que prefiero no desinformar: En la madrugada del sábado se reportó una balacera en una zona ubicada al norte de la ciudad. Luego de varias horas sin tener más información al respecto (hecho que evidentemente sirvió para que muchos echáramos a volar la imaginación) se notifica que producto de ese enfrentamiento había tres niños muertos. Poco a poco la información se fue ampliando y resulta que los niños eran hermanos, hijos de un velador que estaba ese día trabajando en un predio de la zona donde se reportó la balacera. Hasta aquí la información que yo poseía era muy limitada. Luego con horror me entero que quien había matado a los niños fue el padre de ellos. Más tarde supe que encontraron droga y armas en el mismo lugar. Luego todo da un giro. Aparecen declaraciones de la madre de los niños afirmando que el padre de sus hijos no los mató sino que fueron ministeriales quienes, además de matar a los niños, luego dieron al padre el arma con que fueron ejecutados para inculparlo. Hoy escuchó en una entrevista al Procurador del Estado afirmar que a pesar de lo dicho por la mujer, previamente ella misma había dicho en su declaración de manera detallada cómo el velador padre de los niños los había asesinado.
Además del extraño ritmo en el flujo de la información, la situación por sí misma es extraña. Las preguntas salen a borbotones y tú mismo tendrás las propias. Prefiero no plantear mis preguntas para no abonar al tema porque no se trata de eso. Sólo quiero hacer notar que como una reacción casi obvia la gente de San Miguel en redes sociales se vuelca a favor del padre y en contra de la autoridad. Y no es extraño, la autoridad, cualquiera que esta sea, generalmente no es muy apreciada por los ciudadanos. A lo anterior habrá que sumar el hecho de que a últimas fechas, el incremento de los precios, la torpeza en la manera de comunicar las cosas, la corrupción, el despilfarro de recurso a todos los niveles (municipal, estatal, federal) y el claro incremento de la violencia han crispado a la población en general.
Aquí se corren dos peligros: el primero puede compararse a lo que sucede en la obra de Lope de Vega “Fuenteovejuna”. En ella un pueblo cansado de los abusos de la autoridad encarnada por el comendador, va a su casa del villano a matarlo a pedradas. No creo que eso suceda en San Miguel, pero la opinión pública se está extrapolando a grados que pueden ser peligrosos. Y no lo digo porque el hecho de que un pueblo quiera hacer justicia esté mal, eso es o por lo menos aparenta ser democracia, el problema está en quién pueda manejar la crispación social para su beneficio. Vamos, no hay una conciencia real de lo que sucede, es solo el coraje ciego de una comunidad que ha sido vapuleada por una creciente ola de criminales vestidos de fachas y de traje. Ese es uno de los problemas, que no sabemos a dónde se va con esto.
El segundo peligro es: ¿y si nuestro Fuenteovejuna se equivocara? No sé nada de derecho, pero pareciera que la manera en que fueron detenidos el padre y la madre de los niños asesinados fue al menos irregular, y como ya dije el flujo de información fue lento y malo, parece más un madruguete informativo que un proceso apegado a la ley. Pero los argumentos que he escuchado a favor de los padres son de otro tipo, apelan al sentimentalismo, a creer que un padre no mataría a sus hijos y… es falso. Eso ha pasado muchas veces, lo raro es la circunstancia, los porqués, eso es lo que no entiendo, pero de que no tenemos elementos para afirmar que los policías malos mataron a los niños buenos no hay duda.

¿Y si San Miguel se equivoca? O pero aún, ¿y si tiene razón?, yo lamento mucho lo que sucedió, y no puedo inculpar a nadie, ni a los padres ni a la autoridad, pero eso sólo es una muestra de un problema mayor. Son los niños pero también son las otras cosas. Habrá que ser críticos, observar y actuar en consecuencia.

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