Apeiron Romero
30 de enero de 2017
El concepto “unidad” tiene hondas
raíces filosóficas que, en un acto de pudor y honestidad intelectual, no estoy
dispuesto a explicar porque se tomaría más de un pequeño filosofema y además no
sé s pudiera. Desde luego puedo mencionar la unidad es un principio metafísico
del cual todo parte en la teoría pitagórica, que es un atributo del Ser
expuesto por Parménides de Elea y que
posteriormente toma un lugar preponderante como “Lo Uno Bien” de Plotino que es
la fuente de la verdad y que todo lo demás que se aleja de él se degrada.
Puesto desde este punto de vista, la unidad tiene un lugar importantísimo en la
tradición idealista clásica de la filosofía. Goza de buena reputación entre los
que sostienen que la razón está por encima de la percepción sensible pues: La
unidad es un concepto básico e importante que se contrapone a lo diverso que en
realidad es aparente… o algo así.
Pero la unidad no sólo tiene
relevancia en un sentido hardcore filosófico, sino que también lo tiene como un
principio de fuera social. Una unidad militar lo es porque a pesar de estar
formada por muchos soldados todos tienen un objetivo común que les permite ser
fuertes, imaginen por un momento si los soldados jalaran cada quien por su
lado, pues entonces la desorganización permitiría a los enemigo sorprenderlos y
ganarles la batalla, de ahí la importancia de estar unidos, de ser como dice el
dicho como un solo hombre. Sí definitivamente la unidad genera fortaleza, la
dispersión debilidad.
La unidad entonces es básica para
que las sociedades funcionen, una sociedad dividida es fácilmente derrotada,
abatida, quizá por eso nos han fallado tantas cosas en nuestra historia: sí los
tlaxcaltecas hubieran estado unidos con los aztecas (cosa un poco difícil porque
los aztecas eran bien gandallas con ellos) quizá las cosas para los conquistadores
españoles no hubieran sido tan fáciles. Si los primeros insurgentes hubieran
mantenido la unidad, es decir, si Allende e Hidalgo hubieran jalado para el
mismo lado, quizá hubieran podido entrar a la Ciudad de México triunfantes. Si
se hubiera mantenido una identidad nacional unida, los franceses no hubieran
podido establecer un segundo imperio (sí, la batalla del cinco de mayo se ganó,
pero la guerra tan se perdió que el güerito Maximiliano fue nuestro emperador),
Si la revolución mexicana no hubiese sido el soberano desmadre que fue, y si hubiéramos
podido encontrar cosas en común para establecer un estado moderno y progresista
pues… creo que ya me entendieron ¿verdad?
Pero también es cierto que no
todo con respecto a la unidad es bonito. La unidad al eliminar la diferencia frecuentemente
elimina la crítica también, la unidad es el principio de los pensamientos
unívocos, indistintos, si todo pensamiento fuera “uno” el resultado obvio es la
discriminación del que piensa diferente. La unidad llevó a Hitler al poder, la
unidad llevó a Mussolini al gobernar Italia, la unidad es frecuentemente
aparente, falsa. Nos puede ayudar (como cuando Inglaterra se mantuvo unida a
pesar de que era bombardeada cada tarde) pero hay que ser cuidadosos al elegir
a qué queremos unirnos.
Desde luego que ya saben por
dónde voy, tiene que ver con lo que pasa hoy en México y el llamado a la
unidad. Pero no me quiero quedar ahí, porque lo facilito es decir: “¡aguas! La unidad
es para fortalecer a Peña Nieto, es para que nos olvidemos del gasolinazo”. Y puede
ser, pero: De verdad el problema es Peña Nieto, si todos creen que es un pelele
Peña Nieto no hace más que administrar los desastres que algunos han hecho pero
que todos hemos permitido. Unirnos contra Trump porque es Masiosare (un extraño
enemigo, y bien pinche extraño) es lo mismo que ir en contra de Peña, un buen
juego de personajes, pero nada más. Detrás de ellos hay un montón de cosas más
que han llevado a los conservadores gringos todos uniditos a poner a Trump en
la silla.
Ahora la nostalgia Hippie (y no
me malinterpreten, me caen bien los Hippies, pero no les doy la razón en casi
nada) dice que habrá primaveras mexicanas, y primaveras gringas, protestas bien
bonitas y bien unidas, que posiblemente terminen como las otras primaveras, la de
Francia, la de Praga, la Árabe… En el aplastamiento autoritario de los que sí
están unidos porque saben qué quieren.
Yo no digo que la unidad esté
mal, pero la unidad entorno a qué. Vuelvo con mi viejo recetario rojillo,
vuelvo a preguntar con Lenin, la unidad pero ¿para quién?, ¿Ponemos banderitas
mexicanas para unirnos? O ¿qué tal si me uno a los guatemaltecos y le reclamo a
los mexicanos la manera criminal en que los tratan?, o en lugar de ofenderme por
lo que dijo el asesino de Netanyahu mejor me solidarizo con los palestinos. No,
creo que la unidad va más allá de envolverme en una bandera y tirarme del
castillo de Chapultepec, de irle al PRI o de olvidarme de que no le voy.
Les pongo un ejemplo, y miren que
lo he padecido: pedir unidad a toda costa es como cuando el dueño de la compañía
te dice que te va a bajar el sueldo para que la empresa pueda sobrevivir (la
empresa que es tan buena y te da trabajo, sin importar que seas tú el que
mediante tu chamba te partas la madre para darle a ganar a la compañía).
No sé a qué estoy unido, bueno
sí, a ustedes porque me leen y a Ella porque la amo. De lo demás esperaré
serenamente hasta que hagamos nuestra revolución en Facebook.
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