jueves, 5 de enero de 2017

Por Hoy

Apeiron Romero
05 de enero de 2017
Queridos Reyes Magos:
Hay cosas que la madurez te arruina definitivamente, y miren que yo no soy precisamente la persona más madura que existe (cabe señalar que escribo esto enfundado en mi sensacional playera del pájaro loco), sin embargo el paso del tiempo le quita brillantez a lo que antes era pura emoción, así que quizá he dicho madurez tratando de ocultar con un eufemismo la palabra “envejecimiento”, actitud por cierto no muy madura pero que a veces es necesaria para tomar la actitud poco existencialista de sacarle la vuela a la muerte aunque sea por  un ratito.
Dicho sea de paso, omitir el hecho de que lo único seguro es que me voy a morir implica una mentira que, como casi todas, tarde o temprano se develará. Sin embargo, a pesar de que la aconsejable es vivir de manera honesta, franca y sincera, las mentiras frecuentemente hacen la vida más llevadera y, aunque duelen cuando son descubiertas, frecuentemente se guarda hacía ellas cierto agradecimiento un tanto irracional pero real.
Así, estas tablas de salvación se acaban poco a poco mientras vas creciendo, y es aquí cuando usaré una vieja paráfrasis del viejo comisionado del Departamento de Policía de Ciudad Gótica (GCPD por sus siglas en inglés) James Gordon: Al principio todo es el futuro es brillante, pero conforme pasa el tiempo las oportunidades se acaban. Primero ya no puedes ser el niño Dios de la pastorela, luego se pierde la oportunidad de ser el primero en tu clase de primaria, el primer amor de la chica que te gusta, el medallista olímpico, el profesional más joven en obtener ciertos logros en el ramo, el Premio Nobel, etc.
También pasa con otras cosas: al principio perder un diente era la oportunidad dorada de obtener una lanita en un intercambio justo con cierto ratón de apellido Perez, pasado el tiempo perder una pieza dental se transforma en la imposibilidad de seguir disfrutando la comida de la misma deliciosa e inapreciada manera que lo hacíamos en la juventud. Cada cuatro años el patriota que hay en muchos de nosotros espera con ansia el momento en que la selección mexicana logre pasar al quinto partido, conforme pasan los años (aunque para ser sincero muchos de nosotros lo espera angustiada y calladamente) la ilusión se convierte en la paciente manera de ver cómo, otra vez, el sueño pambolero se convierte nuevamente en frustración. Pero eso no es lo peor, sino que conforme otros tipos de frustraciones suceden el patriota que llevamos dentro también se extingue, en cada ceremonia del grito aprendes a revalorar lo que se ha avanzado, y te percatas que eso del fervor patrio, como uno mismo, es algo en franca decadencia. Lo anterior está relacionado también con la pérdida de sentido de la lucha política, de fe en la democracia, la frustración derivada de la “Real politik” nos vuelve descarados, cínicos y… en fin, ¿Para qué seguir dando ejemplos, creo que el punto quedó bien claro.
Por eso también me atreví a enviarles esta misiva (no en un globo porque ahora la realidad me pide ser consciente y no contaminar más, por eso lo hago de manera electrónica), no quiero pedir nada, el año anterior no fui precisamente la mejor persona: ni buen hijo, ni buen profesional, ni buen pariente, ni bueno con la mujer que me acompaña en esta travesía y que todo el tiempo intenta hacerme feliz. No, definitivamente no soy la mejor persona y por tanto no voy a pedir regalos. Quería hacer un acto de confesión, una descarga emocional, una catarsis encarnada… representada mejor dicho, en una tercia de reyes orientales con poderes mágicos que logran en una noche llevar un poco (a veces mucha) de alegría a miles de niños. Y dentro de esa confesión huelga decir que también hay un agradecimiento, no es fácil lidiar con las emociones de tanta gente, son ustedes un símbolo que como todos sufren por el paso del tiempo, pero también como muchos resisten a la cruda realidad. Yo debería, en mi ánimo del polituburó, creer en los tres camaradas que científicamente erradican cualquier falsedad religioso-burguesa. Pero por hoy quiero ser niño de nuevo y rezar (como cuando creía) porque todo esté mejor el día de mañana.
Gracias.


PD: Pero si me quieren dejar esa sudadera con la imagen de Gramsci que vi en la tienda el otro día no me quejo ehh. ;p.

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