lunes, 9 de enero de 2017

La imaginería del conocimiento.

La imaginación me parece imprescindible para el conocimiento.
Hace tiempo vi una película llamada “What de bleep we know”, entre otras muchas cosas que en ella se afirmaban (cosas que muchos calificarán como pseudociencia) se dice que los nativos de las costas de lo que hoy conocemos como San Salvador no se percataron que por el océano se aproximaban las carabelas comandadas por Colón simplemente porque no sabían que algo como una embarcación como esas existía. Me explico: desde luego que algunos de ellos vieron algo que se aproximaba a la costa, pero muchas cosas vienen de la costa, fauna y flora marina, basura de algún tipo, cuerpos de personas ahogadas que luego el mar saca a flote, etc. Algo enorme se aproximaba pero no era posible distinguirlo como una carabela navegada por europeos porque en su conocimiento no existía ni carabelas, ni navegantes europeos, mucho menos Europa. Pareciera ser que el conocimiento se amolda a las cosas conforme las va descubriendo, conforme las va entendiendo o, quizá mejor dicho, aprehendiendo.
Desde luego el entendimiento, parece adaptar el conocimiento de lo nuevo a lo ya establecido o contenido en él mismo. Un león marino no se parece mucho al león que habita en la sabana, es decir, al felino que conocemos comúnmente. Una vaquita marina tampoco tiene cuernos ni ubres similares a las del ganado vacuno, son cosas a las que nombramos por aproximación (¡qué chingados tiene que ver un gato hidráulico con los felinos domésticos que me dan baje con zonas enteras de mi cama por la noche!).
Y pues esto es aplicado a momentos en el que el conocimiento se ve en la necesidad de nombrar “cosas”, de asirlas, hacerlas propias por medio del lenguaje. Y es probable que no sea que más por derivación que hacemos el otro esfuerzo, el de hablar de lo otro que no es cosa, que no es material, la idea pues; pero ese ha sido en muchos momentos de la historia el contenido más importante y debatido por el conocimiento.
A ver, sí ya sé, me viajo demasiado pero… dame un poquito de chance: ¿Por qué te imaginas algo infinito? Quizá porque conoces las cosas finitas, esas que se acaban, que se mueren pues, por decirlo de alguna manera. Ahora ¿cómo te la imaginas?, ¡ah verdad!, no sé tú, en mi cabeza caben un montón de cosas, pero quizá solamente acepto lo de la infinitud porque alguien me dijo en el catecismo  que existía, pero ¿cómo es? A lo largo de la historia se han hecho esfuerzo por tratar de ser propedéuticos y explicarnos ese tipo de cosas: Parménides de Elea nos dice que el “Ser” (hazme el chingado favor) es una esfera que tiene su centro en todas partes pero la circunferencia en ninguna (creo y espero que así sea, si no, disculpen que mis pésimas facultades como alumno de filosofía me hayan arruinado la memoria), para explicar algo tuvo que utilizar una figura geométrica para acercarnos a lo que quería decir. Lo mismo pasó con aquellos como los estoicos que explicaban la realidad como un círculo en el que siempre se llegaba al punto de partida.  Más tarde la modernidad imaginó al universo como un reloj complejo que funcionaba de manera automática gracias a que su relojero, es decir Dios, lo había diseñado de manera perfecta. Kant se imaginaba al conocimiento como un edificio, y en uno de los logros más acabados de la historia del pensamiento, Spinoza (no, no Espinoza Paz) explicó a la ética según el orden geométrico.
Así, en la historia del pensamiento estas aproximaciones han sido frecuentes. Explicar el mundo requiere muchas veces del esfuerzo de comunicar, es decir de poner en común (poder compartir una idea) que utiliza lo ya conocido para explicar lo que aún no está bien entendido. De esta manera, por ejempl,o Lipovetsky recientemente utiliza una explicación ya dada como de aquello que está en dimensiones extremadamente pequeñas para explicar la ligereza y la poca pesadez, y quizá compromiso, que existe en la sociedad contemporánea: todo es ligero, liviano, pequeño como un ipod shuffle.

Quizá una de las metáforas que mejor describe la sociedad contemporánea es la utilizada por Zygmunt Bauman, quien introdujo el concepto de “modernidad líquida”. Espero nuevamente no equivocarme pero ahí va: la modernidad ha adquirido, entre otras formas, las características de los líquidos, que cambian su forma conforme el recipiente que los contiene, y que fluye así… como líquido. El miedo por ejemplo, antes era motivo de que un hombre o bestia ante un peligro real, físico, duro, se preparara para protegerse de alguna manera, corriendo o peleando. Pero ¿cómo es el miedo en la modernidad líquida? “Más terrible resulta la omnipresencia de los miedos, pueden filtrarse por cualquier recoveco o rendija de nuestros hogares o nuestro planeta. Pueden manar de la oscuridad de las calles o de los destellos de pantallas de televisión; de nuestros dormitorios y de nuestras cocinas; de nuestros lugares de trabajo y del vagón del metro en el que nos desplazamos hasta ellos o en el que regresamos a nuestros hogares desde ellos; de las personas que nos encontramos y de aquellas que nos pasan inadvertidas; de algo que hemos ingerido y de algo con lo que nuestros cuerpos hayan tenido contacto…” ¿no sintieron que el miedo los inundó? Pues así explicaba Bauman el funcionamiento líquido de la sociedad moderna. Todo este choro ha sido para recordarlo porque hoy ha fallecido, y me dio la gana recordarlo así, exponiendo un poquito su aporte a la imaginería del conocimiento.

No hay comentarios:

Publicar un comentario