Apeiron Romero
27 de enero de 2017
Definir el amor ha sido algo muy
complicado. Muchas personas hemos tratado de hacerlo y los resultados son
múltiples. Uno de los esfuerzos más célebre en este sentido es el de Platón en
su multicitado “Simposio” o “Banquete”. Hace unos cuantos filosofemas retomaba
ideas generales de ese texto para explicar lo que entiendo por amistad que
ciertamente es un tipo de amor, quizá el más profundo (siguiendo uno de los
argumentos centrales del diálogo platónico), porque no se limita a la atracción
y placer sexual, sino que está basado en una idealización del otro. Idealización
no en el sentido de creer de manera
exagerada que la otra persona está llena de cualidades que no tiene, sino en el
sentido de amar las ideas del otro. ¿No te pasa que te enamoras de alguien por
lo que pasa en su cabeza?, en ese caso el cuerpo no tiene nada que ver, te
enamoras de las ideas que se tienen o, si quisiera ser más apegado a la
interpretación platónica (cosa que no quiero, debo aclarar), de la libertad que
adquiere una persona al acercarse más al mundo de la verdad por medio de las
ideas.
Así que a esas personas que
esperaban leer una declaración morbosa de amor hacía una mujer muy joven les
digo que no lamento para nada desilusionarlos (cochinos). Estoy enamorado de
una niña quizá como estoy enamorado de la niñez en sí misma. Cuando somos
pequeños la capacidad de imaginar no es una facultad fantástica, es un deber. Poder
recrear e investigar el mundo a partir de la imaginación es una obligación para
cualquier ser humano, por eso es tan doloroso para mí ver a los niños que desde
muy chiquitos tienen que trabajar, aunque sea en la miserable labor de dar
lástima para que los padres puedan pedir limosna, ellos deberían aprender y
crear una visión de lo que es el mundo, imaginar, no andar por ahí mugrosos y
llenos de mocos.
Total, el mundo infantil y sus
múltiples posibilidades me parecen adorables. Pero si ese mundo infantil está
representado por una persona que, además de todo, tiene una forma particular de
soñar el mundo que me encanta, creo que se vale decir que estoy enamorado de
una niña, de “esa” niña.
¿Por qué? Pues son muchas cosas: Es una niña
libre porque cuando yo la conocí se despojó del ridículo entorno de la realidad
material que nos asigna, por ejemplo, un tamaño poco cambiante, una persona
puede crecer mucho en relativamente poco tiempo, pero no en unos segundos, ella
lo puede hacer, no de manera voluntaria pero lo puede hacer. También ella
frecuenta la amistad de personajes interesantísimos, tan inteligentes que
pueden parecer locos, algunos son poetas y otros más hostiles que pertenecen a
la realeza, nuestras amistades hablan mucho de nosotros y sus amigos son
francamente intrigantes y geniales (debería estar celoso). Otra característica
de ella es que establece una relación muy especial con los animales, habla con
ellos, los ve fumar en su shisha, los ve desaparecer dejando apenas una luz
brillante como la luna, persigue conejos, consolaba a tortugas (falsas), etc.
Sí, esa niña es especial, pero lo
más increíble es la manera tan poderosa en que maneja la lógica, llega a
paradojas a paradojas reales en un mundo onírico, llena las relaciones lógicas
con contenidos ilógicos. Me hizo percatarme de que soñar es poner frente a la
realidad, plantarle cara. Eso también me enamora, es una rebelde.
Lo que me parece truculento es
que en realidad la mente de esta niña disfraza la mente de un hombre maduro,
genio de la lógica y las matemáticas. Digo que me parece truculento no porque
me pudiese dar pena aceptar que estoy enamorado de un hombre (soy una persona
moderna ¡por Dios!), sino que el disfraz es doble: no sólo es una niña que
disfraza a un hombre maduro, sino un hombre maduro que disfraza la mentalidad
fantástica de lo infantil. Lewis Carrol no era en realidad ese hombre que
fotografiaba niñitas, era un niño disfrazado de hombre maduro. Hoy celebramos
su natalicio y por eso me alejo del teclado ahora. Porque quiero imaginar en
honor a él, de quien estoy enamorado platónicamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario