Apeiron Romero
14 de enero de 2017
Después de una vasta discusión por
medio de mensajes de texto, el consejo para la economía familiar decidió
aprobar el gasto etiquetado para conseguir el tomo de pasta gruesa de “The Red
Son” cuyo último ejemplar de la tienda de revistas y periódicos de costumbre
había sido descubierto recientemente. La camarada “Ella” fue la que más
insistió en la compra a pesar del que tenía ganillas de comprarlo era yo (¿cómo
no quererla?, ¿no creen?).
Y bueno, es que a pesar de que la
historia ya la conozco gracias a la magia del mercado de flujo de información
alternativo (es decir, me lo piratee del internet) la verdad el capitalismo es
re-seductor y me convenció para comprar el comic con el único objetivo de
tenerlo (es mío, es mío, muajajajaja).
Pero es probable que aunque lo
hubiera leído, si la historia me hubiese parecido buena pero no tanto no lo
hubiese comprado, sin embargo la narración me pareció particularmente
apasionante. En la novela gráfica se plantea qué hubiese pasado si en lugar de
haber aterrizado en Estados Unidos, Kal-El hubiese aterrizado en La Unión de
Repúblicas Socialistas Soviéticas aun dirigida por José Stalin.
Desde luego el comic no puede
omitir su naturaleza estadounidense y plantea la personalidad de Stalin de
acuerdo a la propaganda anticomunista quizá no tan alejada de la realidad, pero
siempre dura contra el dictador al cual la historia, o mejor dicho “su historia”,
juzga con mucha severidad, pero que en honor a otra revisión de los hechos,
siempre se resaltan algunas cosas y se omiten otras. Desde luego en un mundo en
el que la defensa de la libertad de expresión a ultranza es una zanahoria para
mantenernos entretenidos, la purga Stalineana de aquellos que difunden en la
URSS propaganda en contra del régimen es terrible, y en efecto lo fue, pero
habría que analizar pausada y críticamente la moral desde la cual se juzga. Además,
siempre se oculta que siendo un aliado en contra del eje (Berlín – Roma –
Tokio) Stalin dirigió a la URSS a dar golpes definitivos para derrotar al
enemigo ese que ahora caricaturizamos tanto, no hay que olvidar que fue el ejército
rojo el que liberó a los presos de Auswitch.
Bueno, la verdad que todo eso es
tema para tratarlo con profundidad en otro espacio. Lo que quiero resaltar es
que el comic muestra la manera en que los equilibrios de poder cambiarían si
Superman fuera un arma soviética encaminada por la luz del patriarca Stalin. Y por
el otro lado, el enemigo en esta nada fría guerra está representado por un
capitalista genio, ególatra, pero única esperanza del mundo libre llamado Lex
Luthor. A pesar de que la personalidad del villano no cambia, los motivos y los
bandos juegan un papel determinante, la insistencia de Luthor hace caer al
siempre moralmente débil de Kal-el quien
replantea constantemente su papel como líder de un mundo que al quedar sin el
patriarca (por la muerte de Stalin) depende de las decisiones de un indeciso
todopoderoso.
Desde luego no voy a adelantar
mucho más de la trama, porque lo ideal es que usted la lea para enterarse de
los intersticios: de qué pasa con Louis Lane, con la Mujer Maravilla y con el
mundo en general. Sólo advertiré que la solución dada a Batman es realmente muy
interesante. De la misma forma que en su versión del mundo “normal” Batman es
dejado huérfano a muy temprana edad, abandonándolo con un mundo en el que su
ventaja es tener dinero, la opción de tomar la justicia en mano propia dotando
al personaje de cierto anarquismo se mantiene. Batman busca justicia, no seguir
las reglas (de hecho muchas veces va en contra de ellas), pues en el caso del
personaje de “The Red Son” pasa algo similar, pero en el contexto de una
venganza personal sobre la imagen este “Gran Hermano” que en realidad puede ver
y escuchar todo llamando Superman.
A final de cuentas la conclusión
del comic nos lleva a hacer cierta revisión de algunas posturas ideológicas:
Lejos de suponer que el comunismo es en todo sentido lo contrario al
capitalismo, el comic sustenta de una manera muy superficial (tenía que serlo
ya es que es un producto de la cultura pop, no un tratado sociológico) que en
realidad el capitalismo es algo necesario para la cristalización de un mundo
comunista es, digamos, la otra cara de una misma moneda, el comunismo no puede
ser alejado del avance capitalista, desde luego que irá en su contra, pero como
una superación de ello. Debemos recordar que sería un error analizar al
comunismo alejado de la lógica dialéctica hegeliana. Para poder lograr el
comunismo se tiene que llevar al capitalismo a su límite. De cierta forma la
solución que implica Lex Luthor al final de la historia es consolidar un
comunismo, una promesa moderna con una aparente solución menos dolorosa y vía
el perfeccionamiento del capitalismo. Claro que eso es pura propaganda, pero
aceptemos que es divertida y que en el fondo sigue siendo, como muchas otras
cosas, pura utopía.
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