domingo, 15 de enero de 2017

El Hijo Rojo

Apeiron Romero
14 de enero de 2017
Después de una vasta discusión por medio de mensajes de texto, el consejo para la economía familiar decidió aprobar el gasto etiquetado para conseguir el tomo de pasta gruesa de “The Red Son” cuyo último ejemplar de la tienda de revistas y periódicos de costumbre había sido descubierto recientemente. La camarada “Ella” fue la que más insistió en la compra a pesar del que tenía ganillas de comprarlo era yo (¿cómo no quererla?, ¿no creen?).
Y bueno, es que a pesar de que la historia ya la conozco gracias a la magia del mercado de flujo de información alternativo (es decir, me lo piratee del internet) la verdad el capitalismo es re-seductor y me convenció para comprar el comic con el único objetivo de tenerlo (es mío, es mío, muajajajaja).
Pero es probable que aunque lo hubiera leído, si la historia me hubiese parecido buena pero no tanto no lo hubiese comprado, sin embargo la narración me pareció particularmente apasionante. En la novela gráfica se plantea qué hubiese pasado si en lugar de haber aterrizado en Estados Unidos, Kal-El hubiese aterrizado en La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas aun dirigida por José Stalin.
Desde luego el comic no puede omitir su naturaleza estadounidense y plantea la personalidad de Stalin de acuerdo a la propaganda anticomunista quizá no tan alejada de la realidad, pero siempre dura contra el dictador al cual la historia, o mejor dicho “su historia”, juzga con mucha severidad, pero que en honor a otra revisión de los hechos, siempre se resaltan algunas cosas y se omiten otras. Desde luego en un mundo en el que la defensa de la libertad de expresión a ultranza es una zanahoria para mantenernos entretenidos, la purga Stalineana de aquellos que difunden en la URSS propaganda en contra del régimen es terrible, y en efecto lo fue, pero habría que analizar pausada y críticamente la moral desde la cual se juzga. Además, siempre se oculta que siendo un aliado en contra del eje (Berlín – Roma – Tokio) Stalin dirigió a la URSS a dar golpes definitivos para derrotar al enemigo ese que ahora caricaturizamos tanto, no hay que olvidar que fue el ejército rojo el que liberó a los presos de Auswitch.
Bueno, la verdad que todo eso es tema para tratarlo con profundidad en otro espacio. Lo que quiero resaltar es que el comic muestra la manera en que los equilibrios de poder cambiarían si Superman fuera un arma soviética encaminada por la luz del patriarca Stalin. Y por el otro lado, el enemigo en esta nada fría guerra está representado por un capitalista genio, ególatra, pero única esperanza del mundo libre llamado Lex Luthor. A pesar de que la personalidad del villano no cambia, los motivos y los bandos juegan un papel determinante, la insistencia de Luthor hace caer al siempre moralmente débil de Kal-el  quien replantea constantemente su papel como líder de un mundo que al quedar sin el patriarca (por la muerte de Stalin) depende de las decisiones de un indeciso todopoderoso.
Desde luego no voy a adelantar mucho más de la trama, porque lo ideal es que usted la lea para enterarse de los intersticios: de qué pasa con Louis Lane, con la Mujer Maravilla y con el mundo en general. Sólo advertiré que la solución dada a Batman es realmente muy interesante. De la misma forma que en su versión del mundo “normal” Batman es dejado huérfano a muy temprana edad, abandonándolo con un mundo en el que su ventaja es tener dinero, la opción de tomar la justicia en mano propia dotando al personaje de cierto anarquismo se mantiene. Batman busca justicia, no seguir las reglas (de hecho muchas veces va en contra de ellas), pues en el caso del personaje de “The Red Son” pasa algo similar, pero en el contexto de una venganza personal sobre la imagen este “Gran Hermano” que en realidad puede ver y escuchar todo llamando Superman.

A final de cuentas la conclusión del comic nos lleva a hacer cierta revisión de algunas posturas ideológicas: Lejos de suponer que el comunismo es en todo sentido lo contrario al capitalismo, el comic sustenta de una manera muy superficial (tenía que serlo ya es que es un producto de la cultura pop, no un tratado sociológico) que en realidad el capitalismo es algo necesario para la cristalización de un mundo comunista es, digamos, la otra cara de una misma moneda, el comunismo no puede ser alejado del avance capitalista, desde luego que irá en su contra, pero como una superación de ello. Debemos recordar que sería un error analizar al comunismo alejado de la lógica dialéctica hegeliana. Para poder lograr el comunismo se tiene que llevar al capitalismo a su límite. De cierta forma la solución que implica Lex Luthor al final de la historia es consolidar un comunismo, una promesa moderna con una aparente solución menos dolorosa y vía el perfeccionamiento del capitalismo. Claro que eso es pura propaganda, pero aceptemos que es divertida y que en el fondo sigue siendo, como muchas otras cosas, pura utopía.

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