Apeiron Romero
12 de enero de 2017
Una de las muchas aspiraciones
que tengo en la vida es comportarme de tal manera que una buena descripción que
hagan de mí cuando muera sea: “era tan bueno, no fue un crítico cultural”. Y es
que utilizando las categorías de Umberto Eco quizá yo sea más un integrado que
un apocalíptico. Pero voy a faltar a ese comportamiento que describía al
principio y diré que en realidad a mí no me importa tanto añorar a la alta
cultura como algo que tenga que ser salvado, o valorado como lo que debe
prevalecer. No me mal interpretes, a mí me gustan las corrientes artísticas clásicas:
me gustan algunas óperas, disfruto de obras plásticas y escénicas que le han
dado a la humanidad momentos brillantes que hacen que algo similar al alma se
sobrecoja o se altere. A fin de cuentas el arte es uno de los factores que
hacen que el ser humano se considere por encima de otras especies. Está bonito
pues.
Sin embargo, y a pesar de que no
soy ninguna Avelina Lesper, hay manifestaciones en eso que los expertos llaman
arte actual que no me parecen valiosas o interesantes, que valen más por lo que dicen
que representan que por la manera en que están presentadas. Hay arte que no me
parece arte pues, para acabar pronto.
Pero no me gusta andar
escandalizando con la pérdida de valores de la sociedad contemporánea. Ni artística
ni moralmente me parece adecuado decir que los “valores se pierdan”, más bien
de una manera algo nietzscheana creo que los valores cambian, que ahí están
pero de manera distinta. Si la sociedad evoluciona entonces cambia, es ridículo
pensar que la sociedad pueda cambiar manteniendo al mismo tiempo los valores
intactos. Yo no valoro la monarquía ni este tipo de democracia que tenemos
actualmente y que, por cierto, también ha cambiado desde la concepción
ateniense clásica hasta los fenómenos democráticos actuales derivados de la
hiperinformación constante que vivimos hoy en día.
Por eso creo que también el arte
cambia, y que las nuevas (o no tan nuevas) manifestaciones artísticas son tan
válidas como las clásicas. Claro que esto lo digo porque tengo gustos, y
conveniencias. Me refiero a que yo sí creo que el comic es un arte, y no veo
por qué algunos se empeñan en ponerle el adjetivo “menor” y se rasgan las
vestiduras cuando se menciona esto, me parece que intentan mantener un status
quo que me huele rancio.
Aunque debo hacer notar que mi
opinión se deriva porque en mi desarrollo personal el comic tiene un lugar muy
especial. He aprendido muchas de las pocas cosas que sé leyéndolos, me han
llevado desde lugares muy lejanos hasta los intersticios de mi propio cerebro.
Claro que este es también un intento de pedir que lo que me gusta sea valorado
por los demás pero… veamos: mucha polémica creó el hecho de que designaran a
Bob Dylan ganador del premio Nobel de literatura. Por una parte estaban
aquellos que lo tachan como una broma, como una desvaloración del prestigiado galardón
y una ofensa para escritores de carrera que se dedican a hacer literatura. Por
otra parte están aquellos que afirman que si las representaciones culturales
populares (como la música pop de Dylan) no fueran importantes, los versos
cantados por Homero en las ciudades, las obras de teatro que en caravana iba
representando Shakespeare, los cantares de gesta, etc. Tampoco podrían ser
valoradas con el peso que hoy tienen. Yo en lo particular, como Irving Welsh
creo que más bien el premio otorgado a Dylan es el triunfo de una generación de
Hippies que lloriqueaban porque sus manifestaciones culturales fueran
reconocidas, y como el mundo ahora es suyo pues lo lograron.
Por eso lloriqueo por un arte que
a mí me parece debe ser valorado: mezcla la capacidad narrativa de la
literatura y la expresión visual de la pintura de una manera muy afortunada.
Desde luego que no alcanza frecuentemente la maestría de obras literarias como
los cuentos de Borges (a quien algunos consideran como menor… háganme el favor)
ni la profundidad abstracta de algunas corrientes pictóricas pero, hay que
valorar al comic en su propia dimensión.
Ejemplos de arte desvirtuado por
ser popular hay muchos: Las novelas por entregas, las historias policiacas, los
Beatles, El pop art, pero… al tiempo. La ficción de pulpa tomará su lugar pero
a mí no me importará, total yo no soy crítico cultural ni puedo disfrutar de
esas victorias, me conformaré con seguir disfrutando de Batman. Reflexionar en
que al final de cuentas todos somos niños huérfanos echados al mundo luchando
contra nuestros propios demonios y contra villanos que representan profundos padecimientos
psicológicos llevados al extremo al que todos podríamos llegar.
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