Después de saber lo que algunos piensan de mi he llegado a algunas conclusiones. Sin embargo es una la que me ocupa en el presente filosofema, y es el hecho de que soy un amargado.
Y si bien es cierto que la mayoría de las personas no lo dicen con todas sus letras intentando, en algunos casos, ser corteses y en otros demoledores, la verdad es que si piensan eso: me amargo por lo que pasa a mi rededor, por lo que pasa en otros lugares, por gente con la que convivo a diario por esa gente que ni conozco pero que me esfuerzo por mandarle un mensaje en una pequeña botellita en un ancho mar, me esmero en hablar o callar de cosas que ni tengo a la vuelta de la esquina o que por las que no puedo hacer nada por arreglar, quiero cambiar el mundo pero lo hago como aquellos viejitos de los muppets (viva Henson) que criticaban cada programa el show que iban a ver pero siempre estaban ahí, ácidos y mordaces aburriendo su lento aniquilamiento viendo algo que no les gustaba pero de lo que siempre se quejaban. Y no faltan los más radicales que me acusan de falta de cojones para, en vez de quejarme, hacer algo activo y dedicarme a ser el caudillo que saque al país del hoyo en el que estamos, que enfrente cual Rambo tercermundista a los narcopoliticosoligarcashuevonesuleros, y exponerme a morir esperando un altarcito de día de muertos cada 2 de noviembre, o en el mejor de los casos, ser la bandera de un movimiento anarco punk reggae skato con el que seguramente en vida no estoy de acuerdo.
En fin, recibí tanto porrazo en el internet y en vivo que preferí la opción que muchos tanto anhelaban y decidí callar. Cual niña regañada dejé la tecla (la de la computadora, aclaro) por unas tres semanas y le di gusto a los que con dedo flamígero me acusan de amargado dándoles la razón y acumulando mi amarguez en el bulto que tengo por panza…
Pero he llegado a una conclusión… para aquellos que dicen que me quejo por gusto, para aquellos que dicen que mis reclamos son una farsa timorata, para los que ven en mi a un muñeco de trapo subido en gayola les confirmo sus sospechas… sí soy un amargado. Lo acepto… pero les tengo otra noticia, los soy, lo he sido, lo seguiré siendo y se chingan.
Me amargo por el rumbo que toma el país y lo reclamo, reclamo porque tengo una hermosa vida miserable de la cual quejarme pero es mía y no me meto en la privada de los demás, me encanta quejarme de que los deportes (los cuales no practico y de eso también me quejo pero que veo en la tele) sean tan chafas y que los mexicanos logremos tan poco en ellos, me quejo de los furris festejos del bicentenario y de los “piores” del centenario, me meto en broncas innecesarias porque los intelectuales (algunos claro) avalan un estado Capitalista voraz y viven de él, así como de aquellos que lo critican y viven de él también, me quejo de cuando no me quieren y de cuando me quieren también, seguiré acomplejado por mis amigos y mis enemigos y por los que ni me pelan, por los nacos, fresas, cholos (pinches cholos), hippies, negros, blancos, amarillos, hombres, mujeres, quimeras y casi todo lo que se mueva… y si no se mueve me quejaré.
Sí, lo entiendo, soy una hueva, pero lo hago porque a mí me interesa, lo hago porque haciendo una analogía de lo que dijo el grupo mecano “amar es el empiece de la palabra amargura” y aunque ellos lo decían porque pareciera que amar no vale la pena porque es amargo, yo lo digo exactamente por lo contrario, me amargo porque amo, porque la vida es tan enorme e intensa que vale la pena quejarse de ella sólo por vivirla, porque amo aun a aquellos pinchis quejones que se quejan porque me quejo, amo a los que me leen tanto como a los que me omiten, amo ser un caudillos de blogcito barato, amo retirarme de escribir tanto como volver a hacerlo, la amo a ELLA aunque siempre me deje, amos a mis vivos como a mis muertos, por eso me quejo (chingao).
Por eso los invito a quejarse conmigo, aunque sea de mi, o por lo menos a amar esto que tenemos tan a la manita, y dejarnos de onanismos mentales que a nada nos llevan, vivamos, amemos y por qué no, quejémonos, que parafraseando y cambiando el sentido a Ricardo Castillo yo quiero ser el quejón más grande de la existencia. Porque soy amargo como el chocolate, es decir, con más sabor.
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