La verdad me interesa mucho cómo se gasta nuestro dinero de impuestos. Y no porque sea yo un cabal paga impuestos, sino porque frecuentemente ha pasado que el dinero se lo gastan una bola de vivales argumentando que es por el bien del País y que las campañas políticas son necesarias.
Y de hecho lo son, una buena propaganda, que dé a conocer las ideas centrales y las propuestas de los distintos partidos ayudara a una mejor elección, si conocemos con tiempo y claridad las opciones que tenemos para elegir, la decisión será mucho más meditada, y mejor.
Pero eso funciona cuando las campañas de propaganda son eso, campañas de información al elector, pero en este País frecuentemente las campañas son un montón de ataques entre candidatos de distintos partidos, son caras, largas, innecesarias, y poco informativas.
Pero cuando, en un intento de reformar esos vicios que surgen en la propaganda, el IFE se hizo responsable de contratar los servicios de propaganda en los medios electrónicos (dejando con ello una merma importante en el negocio mediático) nunca imaginé que las televisoras raptaran valiosos tiempo de la transmisión del súper tazón, ese partido que es el evento televisivo más visto del mundo, ese emporio del deporte que algunos señalan como digno de los hombre de Cromañón y que yo comparo al ajedrez, se vio interrumpido por malos comerciales de partidos políticos que denuncian, invitan, o cocinan. Hoy aprovecho este espacio para exigir dos cosas: Que las campañas sean aun más cortas, más propositivas, menos ofensivas… y por último que me regresen la jugada que no vi… he dicho.
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