jueves, 8 de julio de 2010

Ars longa vita brevis

Me siento vigilado. Paso junto y creo que me está mirando, no puede ser posible. Sé perfectamente que no tiene un pálpito o un proceso de carbono similar a la respiración… pero eso no deja de darme la sensación de que tiene vida, inteligencia expectante dentro de eso que está frente a mí. Y no es precisamente que me gusté, al contrario, me siento censurado, invadido, y eso es precisamente lo que esperaba.
Y es que el arte es así, y miren que yo me he declarado varias veces como una cosa antiartística, no porque no me guste, sino porque frecuentemente no entiendo. El arte es tan críptico para mí como entender lo que desea mi mujer de mí, es decir, me confunde, pero me sorprende y me seduce de tal manera que espero e intento comprenderlo.
La música me habla en lenguajes que entiendo pero me superan, la escultura me invita a entender texturas y formas, la pintura colores, la arquitectura me ubica en espacios, la fotografía muestra imágenes que me provocan, la danza me hace poner atención en las posibilidades del cuerpo humano, el cine se parece a la “obra de arte total” Wagneriana, y la literatura… de ella mejor ni hablo porque siempre me quedo corto
El arte es duradero y la vida es breve. Por eso el arte debe decir cosas, ser retrato de lo que ahora se dice, tiene la responsabilidad de indicar, señalar, sorprender. Nosotros pasamos, esos bobos artistoides podrán decir lo que quieran, pero estarán a disposición de la historia y su propio arte. Ese que tendrá que hablar, dar testimonio, y quizá enamorar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario