Yo sé que cuando una relación sentimental termina no es agradable, menos aun si en ausencia de un afán republicano los relacionados sentimentaloides terminan deseándose mutuamente lo peor o jurándose pasar inadvertido uno para la otra o viceversa. ¿Y qué le vamos a hacer? A veces las cosas no se cortan por lo sano y se revientan por lo enfermo.
Y luego de los toma y daca imprescindibles viene un momento de reflexión en que escuchas retumbando en tu cabeza los reclamos de aquel que suponías es tú otra mitad. A veces (sólo a veces) resulta que en un ejercicio de humildad lo aceptas: yo sé que soy lo peor que existe, y que ella es el mejor ser humano de la historia, sé que ella merece algo muchísimo mejor, no este “rufiánpatán groseroflojoresentido”. Y tuvo toda la razón en abandonarme con tanta estridencia. Como diría Serrat “soy casi un beso del infierno”.
Pero si bien soy humilde también me hace preguntar: ¿por qué desde el principio estar conmigo? Es como es evidente lo que soy, nunca lo negué. Soy un cerdo, eso es definitivo, pero ¿a quién le gusta andar con un puerco que husmea la tierra húmeda con la trompa? Es como darle la canción más bonita a un sordo, como ofrecerle un dulce a un diabético, como echarle sal al océano, como darle a Borges a un analfabeto (o a cierto ex presidente), en resumen: es absurdo.
Sí, eso lo tengo bien claro, pero sólo hay algo que me inquieta: un cerdo se come casi cualquier cosa que se acerca de su inmundo hocico. Pero ¿por qué demonios una margarita querría ser alimento para un puerco? Yo no mentí, parafraseando a Sabina, sólo soy un hombre gris al que quisieron ver como príncipe azul.
o a lo mejor eres un príncipe azul que sólo se ve como hombre gris...
ResponderEliminaroye, eso de analfabeta o cierto ex presidente es un pleonasmo no? si dejas lo del ex presidente, se sobre entiende todo lo demás...