Y de repente se dio cuenta que lo admiraba. Toda su vida, temiéndolo mucho aunque sospechando muy en el fondo de su pecho lo había admirado. Todo lo que él hacía, su amor la pasión por lo que a diario trabajaba más que aquella vieja molestia le provocaba una un respeto inenarrable, súbitamente se percató que el vómito que le provocaba no era de asco sino de emoción por todo lo que había hecho.
Luego de aquel día cuando descubrió que quería convertirse en su fan… lo hizo. Más que fan había convertido su admiración en devoción casi religiosa. A ciegas escogía frases que le oía decir y que luego escr4ibía en su diario-biblia par luego imprimirlas en playeras. Le tomaba fotos como audaz paparazzi. Escribió encendidos poemas en su honor, luego ensayos sobre su magnificencia, y novelas en las que él era su principal héroe.
Pero nunca se lo dijo, siempre en las sombras vivía constantemente la fascinación que le causaba. Admitir su devoción frente a su admirado le parecía insulso, le adoraba tanto que no permitiría que lo viera como un advenedizo molestón.
Se enamoró de sus mujeres a la vez que sentía un poco de celos recorrer por su columna vertebral. Nunca lo imitó porque sería develar su Fanscida, sí objeto de su devoción se dejaba la barba él se la rasuraba, cuando el otro se dejó el pelo largo él se lo cortó.
Así pasó el tiempo hasta que un día se vio al espejo y se dio cuenta de que aquel al que admiraba se encontraba al otro lado del espejo. Y entonces, inmediatamente, lo empezó a odiar de nuevo.
Este me encanta! Creo que el momento que yo estoy esperando es del de admirar al que aparece en el espejo tal cual es :-)
ResponderEliminarOtro abrazo