Shhh acá entre nos, no se lo digan a ella, dejemos esto en un ping – pon de dos…
A veces uno pierde la cabeza, y dice cosas que no debiera en la forma menos adecuada. Y luego uno recula y se percata que, habiendo o no exageración por parte propia, ha cometido un craso error… el arrepentimiento propio se juntará con los reclamos sonoros o callados de ella y la conciencia será un infierno.
Y es que si bien es cierto que, como ya dije alguna vez, el hombre, el verdadero hombre es el que enfrenta a su destino, el que lo desafía, y el que a pesar de él logra imponerse (como Aquiles se impone a la muerte u Odiseo al Mar terrible, que es a su vez analogía de la vida). También es cierto que a veces ser hombre significa ir en contra del arrebato propio. Ser capaces de aguantar el enojo, con razón o no, que intenta salir como vendaval de la boca y el manoteo.
En ocasiones parece que aguantar es de “agachados”, pero aguantar vara es de machitos, de charros negros, a fin de cuentas si lo que se quiere es una princesa rosa hay que ser príncipes azules. Serenidad y paciencia… diría el Gran Maestro (Kaliman desde luego). Por eso pienso seguir los consejos del gran Arcipreste de Hita:
“Agradécele cuanto hiciere por ti
Y dale más valor del que tuviere,
No le lleves la contraria en lo que te pidiere
Ni contradigas lo que ella dijere “
Ser un hombre es dominar, hasta a uno mismo, dejar de hacer notorio lo que en ella está mal de manera abrupta o estúpida. A veces ser machito consiste solamente en decir: Sí mi amor.
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