jueves, 8 de julio de 2010

Engañabobos

Lo veo, es interesantísimo. Tiene un porte y una forma de decir las cosas que francamente hace que todo esté recubierto de un aura de interés. Su manera de hablar detenida y estudiada, ese constante acierto de poner palabras técnicas o en idiomas extranjeros que nunca explica. No cabe duda, es un maestro en el arte de hablar y no decir nada, o casi nada. Porque de buenas a primeras, sin alzar la voz, nos acusa de neófitos, ignorantes, intransigentes e inconsecuentes.
Y funciona, ellos (nosotros) accedemos a todo lo que nos dice, algunos se ruborizan y asienten rápidamente como si lo que dijese se los estuviera diciendo a otros, a los que no están en el salón de clases.
A final de cuentas es un mercader, vende un producto, comercia con su persona como algo suntuario, es decir, como un lujo: nos hizo el favor de estar con nosotros, y nosotros humildemente a cambio pagamos con vulgar dinero (que él aceptará) el placer de tenerlo unos minutos, unos cuantos módulos, dándonos el néctar de su sabiduría.
No nos importo que lo que dijera fuera basura, nosotros aceptamos creer en él como en un Mesías, como si el Divino Pitágoras hubiese reencarnado (como con su metempsicosis), y lo que él diga será tomado como toda verdad. Oh maestro, sólo tengo una expresión para ti: ¡PRRRRRRT! Nota: (favor de leer lo anterior como una trompetilla)

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