El imperio es Roma. El imperio nos calla. El imperio nos dice qué tenemos que pensar. El imperio uniforma, da sentido, su sentido, el que no puede ser de otra forma. El imperio prefiere la estabilidad económica. El imperio desprecia la estabilidad humana. El imperio pone las reglas. El imperio rompe las reglas. El imperio (dice Silvio Rodríguez) es asesino de niños. El imperio no habla por todos. El imperio sostiene a quienes dirigen el imperio. El imperio se desmorona. El imperio se cae con nosotros dentro. El imperio elige, elige no elegir nada. El imperio dice que cambiará las reglas… el imperio no cambia nada. El imperio es absurdo. El imperio resurge. El imperio no muere. El imperio no es Roma.
Espartaco es un esclavo. Espartaco está oprimido. Espartaco se somete. Espartaco sueña con que un día la barbarie de los cultos entienda los absurdos racionamientos comprensibles de los inferiores, de los pequeños, de los que parecen no existir. Espartaco despierta. Espartaco sale por la fuerza de su encierro, Espartaco se une. Espartaco dirige a la bárbara esclavitud a derrotar la razón uniforme, identificadora. Espartaco vence. Espartaco retrocede. Espartaco es derrotado, pero nada lo derrota, el imperio caerá. Espartaco se muere, lo matan, el imperio no deja que su huella siga. Espartaco habla desde el silencio. Espartaco calla y toma las armas de la palabra. Yo soy Espartaco. Todos somos Espartaco. Espartaco no es un esclavo.
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