Había una amarga satisfacción, una compleja mezcla de superación de un periodo y el sentimiento de ver que el inexorable paso del tiempo me llevaba a la madurez, tenía como 23 años e ingenuamente mire a Oscar, fingí preocupación y espeté:
-es feo ver como cada uno de tus amigos poco a poco se casan o se convierten en papás.
Él ni siquiera me miró. Siguió viendo un libro y soltó como cubetada de agua fría
-Espérate, es peor cuando tienes que ir a sus velorios.
Y en realidad es algo con lo que he tenido que vivir desde entonces, siempre vigilando por si en la esquina la muerte llega. Pero siempre pienso en la mía, soy tan egocéntrico que hasta la muerte la espero siempre para mí. Y a veces intento ser coherente o auténtico y actuar como si ese día (todos los días) fuese el del final.
Luego vi como algunos mayores morían, y aunque nunca lo deseo sé que lo normal es que los más viejos se vayan primero… aunque siempre es una sorpresa, un estallido se presenta adentro, un zumbido, y luego el regreso para tener que aceptar la pérdida.
Pero ¿y cuándo ese alguien es de mi edad?, qué pasa cuando estoy acostumbrado a suponer que está ahí porque desde la secundaria era así. Porque desde que su existencia entro a lo que yo llamo conciencia. Cuando incluso al aparecer en el chat es suficiente para decir “oye, aquí sigo”. Cómo hago para reacomodar todo y entender que por más que me conecte ella no estará ahí.
Llevo días con la explosión interna, días conectándome al internet buscándola, pero en el fondo sé que no estará, que todo eso que compartimos no será un recuerdo fresco sino uno que ella no podrá recrear conmigo. ¿Me quedaré limitado a buscarla todos los días? ¿Seguiré buscando un ángel felino? ¿Neta, ya no estás ahí Lu?
No hay comentarios:
Publicar un comentario