Yo no estoy muy seguro de que la música es una necesidad. Tampoco lo niego eh, no vaya a ser que la gente empiece a pensar que soy un amargado, digo, claro que lo soy pero no pienso dar motivos para que lo digan y mi pequeña reputación ande de boca en boca. Pero es que la verdad no soy seguro de que sea una necesidad, o mejor dicho, una necesidad natural, es decir no creada.
Pero como todo es un misterio pues no queda más que imaginar. Yo supongo que la música es algo que se da sí de manera visceral, la música genera vibraciones, mismas que se sienten en un el toras que implica una natural aja de resonancia ( si no lo creen párense en medio de la pista de una disco, inhalen, y sientan como su pecho vibra con las vibraciones de la música), pero de esta manera lo natural no fue la música sino el baile. La necesidad natural de moverte cuando hay sonido, pero el sonido articulado es una producción cultural.
Claro que una producción cultural inigualable, la música es una de las pocas artes que no necesitan la imagen para desarrollarse, que es sutil porque es… no inmaterial, pero sí inasible, de hecho una de las quejas de Leonardo Da Vinci con respecto a la música es que es un arte que no se puede contemplar por completo, la música es temporal y sólo puede entrar a nuestros una nota por vez, la música es una secuencia de sonidos y silencios, pero no se puede contemplar al instante.
Pero también es cierto como diría Schopenhauer que la música es el lenguaje a través del cual la Voluntad se hace presente, no hay manera de expresar lo que se siente con la música más que con la música misma.
Pero independientemente de la percepción que podemos obtener de la música, el hecho es que somos re musicales, hacemos películas musicales, obras de teatro, hacemos de nuestra vida un conjunto de canciones y piezas musicales, tenemos música que nos acompaña como si fuera nuestra banda sonora (sound track). Pero ahora la pregunta es ¿necesitamos escuchar la música en vivo? Ira conciertos es un gasto de tiempo, dinero y esfuerzo. Y no es que haya ido a muchos conciertos, pero las veces que he ido siempre algo resulta como lo expresaría la ley de Murphy “si algo puede salir mal, va a salir mal”.
En un concierto del TRI me pasaron un cigarro, el cual yo diligentemente agarré por no parecer mamón, tarde fue que descubrí el primer contacto con el sabor de la mariguana. Yo que me había cuidado tanto, y vine a probar la Mota sin saber qué era. Para ver a The Cure tuve mi primer contacto con los apretujones en el metro en una ciudad lluviosa, el de los Rolling Stones ni se diga, estuve en un lugar con mucha gente y poca visibilidad, por lo que dejé mi lugar para mejor bailar en los pasillos. Cuando vino Depeche Mode llegué tarde, después de soportar un terrible tráfico, ahh y me perdí algunas canciones que moría por escuchar. En le de Café Tacuba (el más reciente) fue en una plaza de toros y empezó a llover, por lo que salí mojado y empolvado, es decir, con una capa de lodo en el cuerpo. Y cuando fui a la Maldita vecindad la gente bajó casi a golpes a un grupo que en realidad a mi si me gustaba, era un grupo Australiano de hip hop del cual ni me dejaron escuchar el nombre. En el de Óscar Chávez en Guanajuato tuve Que soportar horas apartando lugar bajo el rayo del sol. Sin contar qu la mayoría de músicos son unas divas que salen tardísimo.
Pregunto de nuevo, ¿vale la pena ir a conciertos?, claro que sí, sino cómo soporté todo eso, la música viva es ver la música en su máximo esplendor. Por eso ya me voy a ver a Porter, adiós.
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