martes, 19 de enero de 2010

Auténticos decadentes

A veces la palabra decadente me sorprende, porque no tiene una forma precisa de expresar las cosas, tiene (como el propio lenguaje) la capacidad de significar muchas cosas distintas. Contrarias muchas veces. No me mire con esa cara, aun no estoy loco.
Decadente siempre alude a un estado de cosas en las que algo cae, baja de calidad, muere, pasa, empieza a terminar. Sin embargo decaer también significa llegar a los extremos, es llegar al límite. Llegar al punto más alto para luego bajar, morir, terminar.
Por eso la decadencia puede ser la muestra más clara de que la vida es inconstante pero completa, inconstante porque no siempre se es feliz, tan feliz como antes de caer. Y completa porque no hay manera de que una persona decadente no conozca de, alguna manera, la felicidad y la desesperación de estar cayendo.
Decaer es llegar a la posibilidad de llegar a los extremos, a los excesos, que según Blake son el camino para el palacio de la sabiduría. Nadie puede ser sabio si alguna vez no estuvo en la ignorancia, si no sabe lo que es ser un ignorante.
Nietszche sabe también que el super hombre, aquel que puede manejar su propio destino , aquel que nunca ha dejado que los obstáculos se mantengan, aquel que logra lo que quiere, no puede nacer si no a pesar de la propia vida. Decaer es mostrar que hay un reto que evidentemente vamos a superar, pero para poder lograrlo hay que sufrirlo, hay que entrar en la decadencia.
En la historia del arte se habla de la decadencia de los distintos momentos y propuestas artísticas. Sin dicha decadencia no puede nacer una nueva propuesta, sin esa saturación de “siempre lo mismo”, hasta llegar a esa posibilidad de algo diferente. La decadencia no es un final nomás, es también el inicio de lo otro.
Y en la propia historia sucede que la decadencia es un evento necesario. A una etapa histórica se le determina por su propia decadencia, cuando una forma de pensamiento ha llegado a su cúspide, no queda otra opción que su muerte. La decadencia es también tomar conciencia de que aquello que pensamos, no fue cierto. La decadencia de creer que el mundo es plano se dio hasta que se conoció la “nueva ruta para las Indias” que descubrió Colón. El conocimiento llega hasta que todo ha pasado, llega tarde para ver cómo ha pasado su decadencia.
Por eso le dije que soy un decadente por ella, (un auténtico decadente, como aquel grupo argentino tan guapachoso), porque estar ilusionado y feliz con ella es llegar a lo máximo, pero también darme cuenta de eso es aceptarme como débil, como sensible. Pero también es aceptar que no me importa serlo. Me asumo como decadente, quiero bailar contigo hasta la decadencia, quiero conocerte hasta la decadencia, quiero saber cómo es esto siempre, le dije. Porque como señalé antes la vida no siempre es feliz, y quiero disfrutarla hasta la infelicidad… ¡Qué decadente! , ¿No?

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