martes, 19 de enero de 2010

Tres Patines o la revolución antes de la revolución

Un personaje clásico de la literatura es el Pícaro, ese tipo bribón que siempre busca la manera de salirse con la suya, un tipo ingenioso que utiliza su evidente inteligencia para lograr sus objetivos, mismos que generalmente son desechados y censurados por los otros personajes ya que van en contra de la moral en que los actores de la trama están situados. Parte importante de la personalidad de este personaje prototípico son su innegable simpatía (qué ayuda para que el resultado de la trama sea divertido, y para que el fraude que el pícaro intenta resulte). Y también por lo general el pícaro es resultado de un entorno popular, por lo que su picardía siempre va a lesionar los intereses de clases privilegiadas, de decir de la “gente bien”.
Pues bien, en la década de los años de mil novecientos cuarenta, surgió un programa radiofónico cuyo personaje principal encaja a la perfección con el perfil del pícaro. Un hombre delgado, de clase humilde y que siempre era llevado al juzgado para responder por una serie de delitos elaborados con gran astucia y siempre apelando a la fingida ingenuidad del pícaro, quien siempre colma la adusto señor juez, representación de todo lo moral y justo quien defiende a los ingenuos personajes víctimas del pícaro.
El programa fue llamado “la tremenda corte” y sus personajes principales fueron “José Candelario Tres Patines” actuado magistralmente por Leopoldo Fernández, y “El señor Juez”, interpretado por Aníbal de Mar, Acompañados generalmente por Mimí Cal como “Luz María Nananina”, Adolfo Otero como “Rudecindo Caldeiro y Escobiña”, y Miguel Ángel Herrera como el “secretario” del juzgado.
Muchos estudios y ensayos se han escrito obre este programa de radio. La mayoría de ellos muy buenos, es más algunos de mis profesores en la universidad hablaban y escribían sobre el tema en varias vertientes: algunos se referían a la manera en que “Tres patines” utilizaba en idioma para lograr sus objetivos, su forma de hablar tropezada y popular, llena de dicharachos y errores en la pronunciación de algunos términos, podría ser tomada como normal por parte de un analfabeto cualquiera, pero al final de cada emisión, generalmente se develaba que dicha confusión no era si no una marrullería utilizada para llevar a cabo la estafa.
Otros hablan del programa enfatizando su importancia como fenómenos social, un programa que desde luego pasó a formar lo que llamamos “la Cultura pop Latinoamericana” y que ha llegado a varias generaciones de personas manteniendo fresco ese tan particular sentido del humor. Yo por ejemplo aun escuchaba la tremenda corte en el radio a la hora de la comida en mis días de universitario… ¡casi cuarenta años después de haberse grabado dichos programas!, además un grupo de Ska tomó el nombre de la emisión radiofónica para darle nombre a su banda.
Sin embargo no es de eso de lo que quiero hablar en este filosofema, sino de los estereotipos que estos personajes y sus situaciones representan, en lo que sin querer abiertamente critican. Un estado de cosas miserable en una época en la que cuba “gozaba” de los “beneficios” del “mundo libre” (demasiadas comillas ¿verdad?).
Recordemos que esto fue en los años cuarentas y cincuentas, y que en 1959 empezó la revolución cubana. Por lo tanto la tremenda corte refleja el mundo pre revolucionario, un mundo en el que “el paisano” era ignorante y miserable, en el que las “charadas” son importantes y seleccionadas supersticiosamente por los sueños (los elementos del sueño representan número que son comprados en los sorteos, clandestinos muchos de ellos), representan un miserable timando a otros miserables, entre los que el más acaudalado es un abarrotero gallego. El señor juez es tan popular pero menos ignorante que los demás, un tipo intransigente que pone multas a diestra y siniestra, representa una sociedad que sabe castigar, pero no reformar a un tipo que se pasa la vida en la “loma del príncipe”. El programa representa pues una situación social injusta contra la cual el pícaro lucha con uñas y dientes para sobrevivir, Tres patines es la revolución, antes de la revolución.

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