martes, 19 de enero de 2010

Más que bonitas

-No, no, no, lo que pasa es que eres un regañado, la neta es que eres un mandilón mi buen.
Mientras decía eso, el nuevo conocido, el amigo de mi amigo, tomaba un sorbo de su “chela” y lo dejaba en la mesa con una sonrisa maliciosa. Orgullosos de haber notado mi sumisión hacia las mujeres, rendición que dicho sea de paso es una divisa común en mí. Yo me incorporé un poco en el ya muy maltrecho sillón de la cantina y con aire de suficiencia (suficiencia que es mera pose) me dispuse a hilvanar una retahíla de ideas dispersas pero con un cierta conexión central. Las mujeres…
No mi chavo. Dije después de una profunda respiración que me impidió decirle que en realidad creo que es un cretino. Una cosa es que las mujeres hayan tenido que someterse a la dictadura masculina porque es la encargada de parir a los hijos, y por la notoria desventaja en cuanto a fuerza física, y otra que te creas las historias que nos hemos fabricados para suponer que son inferiores.
En la Biblia y en el Corán se dice que la mujer es la culpable de la caída de los seres humanos, cedió ante la tentación y desobedeció haciéndonos caer en la fatalidad, pero estás son historias nomás. Mira, te lo explico de otra manera: Resulta que en el hinduismo hay la idea de que la iluminación se puede alcanzar de distintas formas, por ejemplo en la rama tántrica se dice que una de las formas de alcanzarla es el sexo. Hay algo llamado kundalini y se trata de una especie de serpiente (por mucha atención dije serpiente) que sube por un líquido de la espina dorsal que a su paso a abriendo los chacras y permitiendo la iluminación ¿No te parece raro que el motivo de “tentación” de las mujeres fuera el conocimiento, algo así como si pudieran alcanzar la ilumniación? o más raro aun, el sugestivo factor que convenció a la madre Eva fue… sí, una serpiente, como el kundalini.
En realidad los hombres tenemos el orgullo en ser simplemente proveedores de alimentos, somos, fuimos durante mucho tiempo, los que llevaban el alimento a casa, es decir, ser esclavos, trabajadores es nuestro orgullo, pero sabemos perfectamente que ellas son mejores disfrutando, observando sus capacidades intelectuales y sexuales, desarrollándolas. Por eso los hombres nos sentimos inferiores al no poder alcanzar eso que ellas saben (los griegos decían que Tiresias, un viejo profeta ciego, era el único humano que tuvo sexo como hombre y cómo mujer, que alguna vez le preguntaron quién disfrutaba más en el sexo, y el dijo que si dividiéramos el sexo en diez partes una tocaba el hombre y nueve a las mujeres… ¡qué envidia, no! Si eso no es saber algo que yo no, entonces no sé que demonios es el conocimiento) por eso, al no poder tener ese conocimiento, los hombres decidimos hacerlas sentir culpables por ello, nos hicimos creer que eso que tenían era malo. Porque en realidad nos sentimos inferiores. Porque no podemos provocar en nosotros lo que ellas se pueden provocar en sí mismas.
Así que quisimos someterlas en muchos sentidos, nuestra frustración se reflejo en dominio. Y luego las hicimos cargar con nuestras insatisfacciones: antes éramos hombres por aceptar nuestra condición de sirvientes y llevar comida a casa, pero algunos se volvieron holgazanes y ahora quieren que ellas lo hagan. Pero por eso se inventó la resistencia, ellas no sólo lo hacen sino que son base de la política, economía, familia, demuestran que pueden con eso y más, lograron tener un lugar que desde antes les correspondía, claro no todas pueden ser perfectas y fabrican cretinos que viene a la cantina a despotricar en contra de ellas…
Lo vi con cara de querer golpearme hasta saciar su supuesta hombría, pero no lo hizo, aguantó.
- No mi buen, le dije, en realidad, ellas son más bonitas que cabronas.

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