martes, 19 de enero de 2010

La venganza de los Centauros

Pa´ los junkies del Bajío
No me lo tomen a mal, yo soy una persona pues… como todas, un tanto racional la mayoría de las veces, y a veces impulsivo y visceral. Pero a veces uno (¿huno?) nomás siente y se deja llevar por las circunstancias, las ebriedades y por las edades ebrias.
Y no está mal, la locura sólo tiene mala fama, y cuando es compartida pues se siente acompañada y crece. Los bárbaros son lo mismo, ni son tan bárbaros, sólo son diferentes… expliquémoslo con un mito que aparece narrado en una de las esculturas que pertenecieron a uno de los frisos del Partenón:
Resulta que hace muchos años en Tesalia hubo una boda, y por lo tanto una gran pachanga. Piritoo, el rey de este lugar invitó a su boda a sus hermanos Lapitas y a los Centauros, unos cuates que venían del este y de los cuales eran parientes. Todo era perfecto. Hipodamía, la novia, lucía preciosa y exuberante… buenota pues. Sólo hubo un problema, que al invitado se le olvidó por completo hacerle un regalito al dios Ares, el de la guerra, y su venganza sería terrible.
Resulta ser que todo iba de maravilla en la borrachera, pero uno de los centauros (esos seres mitad humano mitad caballo) se dio cuenta que las invitadas a la fiesta estaban bastante bien, otro poquito de alcohol y hasta parecía que la novia le coqueteaba, otro más y parecía pedirle que la tomara ahí, en una de las mesas. Y pues él no se resistió, de pronto se dirigió a la novia y empezó a acariciarla ahí, sin más. Ella gritaba, dio bofetadas, rasguños arañones. Los demás Centauros siguieron el ejemplo de su hermano y empezaron a buscar a las otras mujeres de la fiesta.
Del otro lado los lapitas, mesurados y mojigatos, totalmente cuerdos y apolíneos, empezaron a defender a sus mujeres en lugar de dar rienda suelta a lo que debería ser una boda… una celebración del amor y de la unión de un varón y una varona (no, no me equivoqué, es que se supone que el primer nombre de la mujer fue varona según la biblia).
Total que se armaron los trancazos y el resultado de la gresca fue que ganaron los lapitas (lapites) y corrieron por siempre jamás a los centauros hacia el oriente… la posible explicación del mito es la siguiente:
Los lapitas eran gente devota del dios Apolo, dios de la cordura y la razón, o algo así. Y los centauros representan la barbarie de los orientales que, bestiales, habían dominado ya el arte de cabalgar. Estos centauros son la representación de la locura desterrada del mundo occidental, y por tanto la victoria de la razón.
¿Pero no es muy mojigato andar siempre en la rectitud?, ¿no es aconsejable de vez en cuando dejarse llevar? Digo, esa fue parte importante de mi vida, al principio de este siglo estaba acompañado por una bola de centauros, la vida importaba pero también por los excesos en los que podíamos caer, a veces es importante guacarear en la mesa de la invitada, ligarte a la chava del novio, ser el invitado incómodo al que corren del lugar público. Porque a veces es chicle y pega. A veces las chavas caen, a veces la diversión llega envuelto en una botella de mezcal. Claro no sólo éramos eso , también fuimos centauros que llegábamos a sesudas conclusiones, descendientes cuasi directos de wiesengrund. Lumbreras alcoholizadas, locura demasiado certera.
Gracias junkies, gracias centauros, me dan la impresión que a veces la vida no está tan equivocada como suponía. Me dan la certeza que a veces somos la venganza de los centauros

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