Los recuerdos son cosas que viene a uno cuando menos se les esperan, hay veces , como ahora me pasa, en que te abordan de una manera casi obscena , te hacen que te pares de la silla sintiendo una especie de frío que … no es tan frío, porque que quema, no arde, pero da esa pequeña quemazón en los poros porque te emociona, preocupa o simplemente te exalta. No sé, creo que intentar explicarlo es difícil y es por eso que vale la pena intentarlo, veamos:
Los recuerdo más antiguos son los menos certeros, creo que uno de los más viejos que tengo es haber visto cómo mi familia estaba en la casa de mis abuelos viendo la tele, todos concentrados, pendientes de cómo una pelota cruzaba el terreno de juego de un tipo gordito pero carismático que en aquel momento era la sensación, claro todo eso lo supe después, lo que me causa ese sentimiento del cual hablaba era ver a mi abuelo aplaudir y a mi papá saltar del sillón emocionado, sabía que era un partido de béisbol perol en realidad en ese entonces yo no sabía mucho más. Al paso de los años me di cuenta que era porque Fernando “el Toro” Valenzuela ayudaba a los “Dodgers” de Los Ángeles a ganar la serie mundial. La verdad a mí me gusta el beis, pero me gusta más acordarme de cómo la gente se ponía contenta con un triunfo, quizá porque no son tan frecuentes como debieran ser. El caso es que años después una tía que vive en los Estados Unidos me regaló un uniforme de béisbol que me encantaba. Lo recordé cuando me atreví a abrir mi caja de fotos y me miré en aquel viejo uniforme. No sé si me explico, es esa sensación a la que me refiero, sin embargo no siempre es igual.
Otra foto es la de cuando en un desfile del día de la primavera se les ocurrió vestirme de oso, no me veía mal, de hecho era un niño encantador (modestia aparte), pero esa foto no me hace sentir todo lo bien que debería. En mi casa somos tres hermanos, dos chicas mayores de las que la más pequeña me lleva siete años de diferencia (aunque no estoy muy seguro que sean de ventaja), en mi calle los edificios vecinos son locales comerciales, así que casi siempre fui un niño solitario y un tanto medroso, de hecho el único amigo que tenía y que me daba cierta seguridad se llamaba “Fai”, un niño negro que usaba una gorra naranja y una playera a rayas que tuve que inventar para … para poder jugar con alguien, o algo. Y mientras lo escribo y me acuerdo sonrío, porque él no era el problema, en realidad mi vida con “Fai” como mi único amigo no era mala, sino cuando tuve que ir a la escuela y darme cuenta que los demás niños jugaban entre sí de una manera segura y cruel, porque habían tenido contacto con otros seres humanos, otros pequeños bodoques que también tenían voluntades y pequeños egos en crecimiento. Yo tenía cierto retroceso en comparación de ellos, por eso era el niño raro, el niño poco social porque era muchos más sencillo jugar conmigo que con ellos que me rechazaban o lastimaban. Como esa niña bonita pero que me trataba puntapiés de indiferencia porque era “el raro”, como ella que aparece exactamente atrás de mí en la foto.
De la adolescencia casi no tengo fotografías, y es quizá eso lo más representativo. Una de las pocas que tengo es con una playera de “Pearl Jam” una banda grunge de los noventas que aun ahora me gusta. Así era yo, esquivo, relajiento, huraño. Era el clásico tipo que veía a todos con cara de “no me veas feo porque te rompo la cara” la vida era esa, ruda aunque en relidad era yo muy fresa (digo, para lo que hay ahora), era el tipo que debajo de la camisa del uniforme tenía la playera de la banda de rock, el que ya no era buen estudiante pero que no le importaba porque un poco de cerebro le bastaba para sacar las calificaciones adelante, era el tipo interesante y peligroso que se hacía el duro para … proteger el tierno que llevamos dentro, es decir un Joaquín Sabina cualquiera, aunque eso sí, con un toque de posmodernidad. Enamorado de todas pero sin alguna, porque los duros no somos románticos, y no vamos a las tardeadas.
Y así me pasé la tarde viendo mis fotos, teniendo recuerdos y sintiendo ese frío caliente del que les hablaba al principio. Y esperando los siguientes: porque ahora veo las fotos donde estoy con ella, y no sé, hay tantas cosas. Yo tan melodramático, tan fanático de relaciones tormentosas, tan misterioso y tan pendejo, tan lleno de cosas para sentir por ella. Y ella … tan ella, tan chida, tan imposiblemente bella (en muchos sentidos), tan provocadora de cosas para sentir ¿qué sentiremos después de pasados los años ?, qué fríos calientes sentiremos al vernos un día, cuando nos atrevamos a abrir la caja de Pandora y sacar de nuevo las vieja fotos.
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