Generalmente me siento frente a la computadora y empiezo a escribir sobre cosas que me parecen importantes. Algunas veces he escrito intentando ser crítico sobre aquello que me preocupa, que me parece indignante o simplemente me molesta. Otras también me gusta escribir sobre lo que me parece maravilloso o dignificante. En algunas ocasiones he escrito sobre música, he dicho cosas sobre The Cure, los Rolling Stones, los Beatles ( aunque aun le debo un escrito a los que me parecen la mejor banda del universo “Radiohead”). Pero nunca, nunca me he atrevido a escribir sobre algo que me parezca francamente trivial... Pues hoy lo haré.
Y es que si bien considero que es muy importante hablar de música que me produzca algo más allá de mover el pie, también es cierto que aquella música que tiene como único y exclusivo fin vender discos y poner a bailar gente en los llamados “antros” también tiene un lugar. ¿Por qué demonios no podría hablar de esa música que no pasa de un verano?, o qué ¿lo trivial no es parte también importante de la vida?
Es así como recuerdo en mis tiernas juventudes como hasta los que alguna vez fueron candidatos a la presidencia del país más importante del mundo bailaban ridículamente, frente a cientos de cámaras, la muy famosa “macarena” (dale a tu cuerpo alegria macarena mientras Bob Dole baila como sonso). Y es que bailar a veces no tiene más pretensión que la de verte simpaticón y mover el trasero.
Cómo olvidar cuando en una boda todos al unísono nos pisoteabamos tratando de seguir el ritmo de “Caballo Dorado” con “no rompas más” o “payaso de rodeo”, cómo insistir en que no paso que millones de gente movieran las manitos bailando el inentendible “aserejé”. Vamos todos a lanzar loas y vítores a los que bailaron la “ventanita” de “Garibaldi”.
La música efímera, los éxitos radiales que no tiene mayor mérito que meterse melosamente en la cabeza, que tiene en inglés un término especial, los guan jit guonders (está bien, está bien, los “one hit wonders”) son parte esencial de nuestra vida, ¿qué seria de nosotros si alguien no nos fastidiara con la “alita de pollo”, simplemente no podríamos entender plenamente el sentido real de la palabra “ridículo”.
Además hay que ser un poco menos mojigatos, vamos a movernos sensualmente imitando a los caninos tener sexo al ritmo de “el baile del perrito”, vamos a pedir que nos hagan caso aplaudiendo en nuestra mesa con el za, za, za. ¡Ea!, ¡Venga!, ¡Venga!, Recuerde que está música es movedora, porque “para bailar esto es una bomba”.
Sí, el ridículo es parte importante en la vida, con la seriedad todo es muy gris, ¿no se acuerda cuando en sendas bodas estaba borracho, con la corbata en la frente y bailando?, siéntase apenado pero no lo niegue, mueva el bote, saque el jícamo, total, recuerde que las canciones de este tipo no durarán más que unos cuantos meses y con un poco de suerte no las volverá a escuchar. Acéptelo a usted le gusta la gasolina. Dele alegría a su cuerpo Macarena.
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