A veces uno sale feliz en un fin de semana, se va dar una vuelta, y a uno le da por eso que en lenguaje popular se llama “mala copa”, uno se lía a golpes con las personas más queridas y la felicidad del fin de semana se va al caño. Y aunque al otro día todos otorgan su disculpa y dicen que así es, y que las cosas pasan, no hay manera de no sentir esa terrible cruda moral por días o meses. Parece que nada hay más bajo.
Pero ¡oh! Craso error. La semana siguiente tus jefes no te pagan, te dan una disculpa que te tragas porque no hay de otra. Andas por ahí sin dinero para tomar el transporte público y caminas. Te das cuenta que el hecho de que ayer te cortó tu pareja es duro, casi igual que el hecho de que alguien de tu familia esté enfermo, y que ni siquiera puedes pensar en la solución de tus problemas porque estás demasiado ocupado. Todo eso sin contar los problemas accesorio: que la semana pasada tuviste sexo tan insatisfactorio como el hecho de que ahora que lo quieres no lo tienes, o que no vas a ir a las luchas porque no tienes dinero, o también que a pesar de estar a dieta no bajas ni un gramo (caray ni los problemas adelgazan a uno).
Y no hay otra que poner buena cara, que suponer que el karma pasará, que entender que saldremos vivos a pesar de todo, que lo que no mata fortalece. Qué razón tenía Murphy; si algo puede salir mal, saldrá mal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario