Los animales estaba hartos de que las cosas en el bosque no sólo no cambiaran, sino que hasta empeoraban. Los animales sufrían las violaciones de la ley, hurtos y abusos a las cuales los sometían los tlacuaches, las ratas, y hasta los propios gorilas quienes, se supone, estaban encargados de cuidar al resto de los animales del bosque.
Un día decidieron que esa situación no era sostenible, y pidieron que se reunieran de inmediato el gran consejo de los grillos (quienes se encargaban de gobernar el bosque). Uno de ellos, el que mejor cantaba, engoló la voz y dijo: Claro que cambiaremos las cosas, pero necesitamos que ustedes nos crean, y crean que las cosas pueden cambiar. Crean y será posible cambiar las cosas.
Los animales creyeron y salieron al bosque a caminar, tenían los ojos llenos de una mezcla de confianza y desesperación. Salieron y pidieron, liderados por los ricos borregos vestidos de mucha lana blanquísima, prendieron veladoras y regresaron a su casa… pero luego nada hicieron. Se quedaron en sus guaridas cerrando los ojos y deseando, creyendo que las cosas cambiaran, pero nada más. Se quedaron cruzados de brazos viendo la televisión.
Moraleja:
“Cambiar la realidad nomás creyendo es un cuento que no trago.
Para cambiar la realidad necesito creer mientras algo hago”
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