Cosa… es la palabra quizá más plural y más confusa. se puede aplicar a todo y a todos. Podríamos aplicar a esta palabra la misma problemática que Martín Heidegger describe en el concepto Ser. Todos sabemos a qué nos referimos cuando decimos que algo o alguien “es”: fulanito es pelirrojo, el perro es latoso, el amor es doloroso, los amantes son confusos, etc. así “ser” es el más universal de los conceptos, pero veamos: dígame ¿qué significa ser?... exacto, ser sólo significa ser. Pues de la misma manera la palabra “cosa”, que a diferencia de “ser” no puede ser verbo, pero también se puede aplicar a cualquier… cosa, valga la redundancia. O a ver defina cosa.
Así, cuando nos referimos a las cosas no siempre nos referimos a la misma cosa. Cosificamos todo aquello que no tiene nombre o no sabemos cómo se llama: esa cosa que está en el refrigerador, las cosas con muchas patas, esa cosa que hacen los políticos, y hasta cuando queremos ser cursis utilizamos el “cosita” como epíteto cariñoso.
Pero las cosas no son sólo eso, también significan por lo que cada una representan, material o intangiblemente. Así por ejemplo las pulseras tienen una significación histórica y otra personal. Las pulseras en algún momento significaron propiedad, si tú tenías una pulsera significaba que eras propiedad, es decir, esclavo de alguien, la pulsera tenía inscritos los datos del amo o del imperio al que se pertenecía, pero luego tuvo un sentido de pertenencia, de tal manera que si preferías o te identificabas con algún grupo humano, social, político o religioso, usabas una pulsera como distintivo. Por eso en alguna época de mi vida no usé pulseras, porque no quería pertenecer a nadie ni a nada, quería ser independiente y para mí tener una pulsera era algo denigrante, contrario a mi espíritu de libre pensador. Pero hace poco me regalaron una, y me la regalaron porque en alguna plática dije que cuando tenía como dieciocho y usaba una pulsera gruesa de piel, y que me gustaba mucho cómo se veía. Ahora comprendo que esta nueva pulsera tiene un nuevo significado, significa que me pertenezco a mí, que yo soy mi pasado, que no me puedo desligar del hecho de que soy el producto de lo que he vivido, soy esclavo de lo que he hecho, que me afilio a los apeironianos cuya población, por el momento, es uno.
Pero no sólo las cosas físicas son significativas, “las cosas son cosas” dijo una vez un amigo cuando le regaló a otro un cubilete bien chido de piel que tenía. Pero no siempre es así, el sábado pasado le regalé una playera a mi amigo, les cuento: yo tenía una playera de “Los caifanes” misma que yo tenía desde los catorce años, mi amigo me vio en el bar y me la chuleó. Y le dije (claro con unas copas arriba) que si le gustaba se la regalaba, fuimos al baño de la cantina y nos cambiamos de playera. Para mi las cosas son sólo cosas, pero también es cierto que no se las doy a cualquiera, para mí la playera no era tan importante, lo importante era la música que representaba, el momento en que la escuchaba. Y no pudo quedar en mejores manos (o cuerpo) que en las de “El Chino” que es un carnal al que estimo harto.
O por ejemplo, hace poco regresé a escuchar mis discos de Nine Inch Nails, la música es una cosa intangible, y regresar a ella fue raro, fue recordar cómo me sentía en la secu, todo el dolor e intensidad de creer que todos se van, escuchar una cosa como “Hurt” es terrible, pero también es como intemporal, porque escuchar “Hurt” con NIN no es lo mismo que escucharlo con Johny Cash. Uno es el dolor inmaduro de la adolescencia, otro es el dolor real de saber que la gente no se va sólo porque la cambien de escuela o porque tengan otro novio, sino porque se van, porque son cosas transitorias, porque nos morimos, porque somos una cosa que se acaba. El dolor es una cosa que se siente, yo soy una cosa que lo siente, pero no es la misma cosa.
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