domingo, 17 de enero de 2010

Culebrón

culebrón.
(Del aum. de culebra).
1. m. Telenovela sumamente larga y de acentuado carácter melodramático.
2. m. despect. Historia real con caracteres de culebrón televisivo, es decir, insólita, lacrimógena y sumamente larga.
Fuente: Real Academia Española
“Estoy que no me la creo, ayer en la telenovela de la noche…” con esta frase suelen comenzar muchas de las pláticas que tengo a lo largo del día. Digo, no está mal, pero no deja de sorprenderme la cantidad de gente que lo hace, y de todos colores tamaños y sabores. Lejos de adoptar mi postura intelectualoide (postura que dicho sea de paso me encanta) voy a darme chance de analizar el fenómeno llamado telenovela.
El nacimiento de los tele dramas tiene en México tiene en realidad un profundo contacto con la intelectualidad mexicana, hay que recordar que uno de los escritores más connotados de este género fue ni más ni menos que Salvador Novo, uno de los escritores más importantes de la literatura este país. La idea inicial era poder reproducir en este que era un nuevo medio de comunicación las obras de teatro, una de las bellas artes y por tanto el arribo de las telenovelas fue un intento de hacer llegar a la mayor cantidad de gente un evento cultural que es caro, ¡genial!, ¿no?
Entonces por qué hay tantas críticas al género, bueno, en realidad dichas críticas no son tan mal fundadas. Las historias son predecibles, casi todas hablan de la clásica historia de la cenicienta sólo con algunas variantes;: a veces la pobre chica no es pobre económicamente, pero sufre de otro tipo de miseria que hace que el público se identifique con ella, por otro lado el galán siempre encarna las mejores virtudes de “lo masculino” y eso no es malo, el asunto es que la temática no cambia, es monótona, si has visto una novela las has visto todas, o por lo menos la mayoría, eso hace que las expectativas de la gente que las ve no sean muy altas, generalmente las telenovelas con más éxito son aquellas que menos innovación proponen, los “refritos” de telenovelas de otros países o simplemente hechas anteriormente (¿neta necesitamos más “Betys las feas”?, ¿el público necesita más “Cafés con aromas de mujer”?, es importantísimo otra versión de “El derecho de nacer”?
La verdad a la gente no le gusta las historias difíciles, lo mismo es más digerible de entender, y da la certeza de que la vida es dura, además de la esperanza de que la misma vida tendrá un final feliz, un: … y vivieron felices por siempre (porque como diría Schopenhauer, nosotros nos quedamos en la parte dela historia donde todo está bien, pero el final siempre será trágico).
Pero ¿qué importa? A este país le gusta vivir lo mismo, somos una cultura llena de deja vous: la selección nunca gana, los políticos siempre roban, “el chavo del ocho” siempre tiene los mismos diálogos, las mismas historias y los mismos personajes. Hasta en esta columna creo que ya habíamos hablado de esto, y quizá un día que me de mucha flojera ni escribiré y mandaré el mismo texto, creo que así gustaría más.
La telenovela no es la vida, pero es una forma de intensidad, frecuentemente ayuda a vivir las cosas como no nos atreveríamos, lloramos cuando a fulanita le va mal, reímos cuando a sutanita le llega el amor, no sabemos vivir sin melodramas, antes de la tele había cine, antes de Angélica María había Sara García. Es lo mismo, lo mismo, lo mismo.
Total, ¿qué importa, ya me voy a ver “Destilando al Muchachito de Juan Querendón”, o como se llame. Abur.

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