En realidad hoy también, como últimamente, me iba a quejar: que si la intolerancia, que si el petróleo, que si lo caro que está la vida, que si nadie me comprende… Iba a despotricar en contra de todos: de los de derecha, de los de la supuesta izquierda, de los ricos, de los lumpen, de los que provocan el encono, de los metrosexuales, de los que no lo somos, de los emos, de los antiemos, de los que se quejan de que me quejo, y de los quietistas que ni se quejan de que me quejo … pero la verdad aunque está muy trillado me encanta quejarme, porque es una de esas pocas cosas que aún me quedan. Pero a pesar de eso hoy, sólo voy a deprimirme.
Alguna vez alguien me contó una de esas historias de segunda mano, es decir, ni lo vio, ni lo vivió, ni lo escucho de viva voz pero alguien se lo contó, y a mí me lo contó él, y yo se los cuento a ustedes, total, si la anécdota no es cierta no afectamos a nadie: Resulta que una entrevista Carlos Santana (ese poderoso guitarrista que tiene un sonido ampliamente reconocible) soltó una frase francamente entrañable. Dijo algo así como que Cuco Sánchez (ese cantautor con letras francamente demoledoras) era un verdadero cantante de blues mexicano.
La verdad de las cosas es que parece ser que los géneros musicales están muy alejados, y digo parece porque en realidad yo no soy un experto en música. Pero vamos, eso se nota, definitivamente Cuco no es BB King.
Pero también es cierto que hay ciertas similitudes: ambos son géneros musicales populares. Los dos cantan el dolor que vive la gente, y frecuentemente hablan de la miseria de quien escribe (anillo de compromiso de Sánchez es una canción francamente nacida de la pobreza). Los dos tipos de música tienen un ritmo lento, nostálgico, rompe venas. Y por último aunque no por ello menos importante, los suenan bien en una cantina.
Y es que a veces la derrota tiene un sabor inconfundible, hacer más grande una herida es reconocerla, entender que eres eso que siente el dolor, entender quién eres, el dolor te ubica, te pone en un lugar en el universo, no es eso que los ritmos más bailables y generosos tratan de hacer, en el blus no hay olvido, en el bolero ranchero sólo hay recuerdo. Vivir duele. Más si, por ejemplo, el rasgueo lento de una guitarra va acompañado de la soledad que una mujer nos deja.
Duele porque no está conmigo, duele porque está con otro, porque está conmigo y piensa en otro, porque estoy con ella y pienso en otra, porque todo es irremediable, porque siempre hay un bache, porque hay veces que ese bache no termina. Porque aunque uno es hombre, hay veces que la hombría no alcanza, porque la gente quiere cosas que no tiene, porque cuando las tiene no son suficiente, porque a pesar de que aceptemos sin reclamos nuestro destino eso también implica que debemos aceptar lo inevitable, que somos arrieros y en el camino andamos, que el maldito corazón, aunque se crea el rey de todo el mundo, a veces pierde, qué ahora sí es imposible, que pa’ qué nos sirve la vida.
Es verdad lo haya dicho Santana o no, hay veces que no es suficiente un blues acompañado de güisqui, porque sabe a gringo, y yo no lo soy, a veces hace falta un caballito, un sal, limón (estos últimos para echarles a la herida), un tequila, y Cuco Sánchez
No hay comentarios:
Publicar un comentario