martes, 19 de enero de 2010

¡Madres!

Ya lo he dicho, somos una cultura de Machos, creados por una sociedad maternalista. Las mujeres frecuentemente tienen la culpa de lo que somos, hombres remolones, mujeres agachonas. Las mujeres son las educadoras caseras y los infaustos hombres frecuentemente preferimos dejar nuestra responsabilidad, no de lado, sino atrás y lejos de nosotros.
Pero luego de dar dichos reclamos por los bodrios de hijos que produjeron tenemos que hablar de lo sublime en lo maternal. Pero esperen, no se ofendan y levanten la ceja, no me refiero a ustedes, o por lo menos no a todos de ustedes, o mejor dicho nosotros cuando me refiero a los bodrios. No, de ninguna manera, esto no es personal y no quiero ofendernos, pero entonces explicaré mejor:
A los hijos y medres que me refiero son a la mítica imagen q1ue tenemos en México, la imagen de la madre sufrida y abnegada que resiste estoicamente los embates de la vida, que se esfuerza por mantenerse en pie ante las contrariedades de un mundo terrible, dañino, aciago. A esa madre me refiero, a la que aguanta al marido infiel, desobligado, borracho, o un sinfín de etc., a unos hijos mal agradecidos, a una sociedad chismosa y juzgadora. A esa mujer me refiero, a la que no existe, porque aunque a veces haya gente así, mujeres que soporten todo esto sumisamente, la abnegada madre mexicana es una idea, como la libertad, como la democracia, es algo que es intangible, pero que existe como tal.
A esa madre es a la que reclamo su culpa por haber producido hijos tan desagradecidos, esos hijos que son tan malos, pero nosotros, los hijos reales, o por lo menos no todos, no somos tan malos. Me refiero a hijos idealmente malos. La madre bien puede ser la patria, como todo lo contradictorio que suena esto. La patria resiste el embate de hombres y mujeres que no somos capaces de defenderla, pero es la propia patria la que produce este tipo de ciudadanos.
A las Otras madres, a las de a de veras no puedo reclamarles nada, de hecho todo lo contrario, la patria debería tomar su ejemplo, mujeres que no se dejan, que luchan, que progresivamente defienden sus derechos, que no son abnegadas porque no soportan la vida, asaltan a la vida, la arrebatan, la viven pues…
No seamos ingenuos, las madres de carne y hueso son mucho más importantes que las ideales que celebramos el diez de mayo como pretexto. Las madres que son de todos los días, las madres que son mis compañeras de chamba, las que son mis amigas, las que son madres de mis amigos y a veces me aceptan como amigo, a las madres que forman mi familia, a mis primas, tías, hermanas, A mi madre que tiene que soportarme, y aun a esta edad enseñarme cosas. Abnegadas… madres nunca, porque no se dejan llevar por la vida, sino que dirigen su propia vida, y a veces la de los demás… porque ellas son la vida.

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