A uno se sienta a escribir y escribe porque sí, porque se convierte en algo que uno hace , que uno necesita, o que simplemente está acostumbrado a hacer. Y a veces esto último es terrible. Y no me refiero precisamente a esto de que escriba uno sus tonterías y le den chance de publicarlo, eso lo hago por glamour (jajaja, lo siento a veces me dan ganas de hacer una que otra broma). Me refiero a sentarte frente a la computadora o con un cuaderno y un lapicero, y empezar a contarles lo crees, lo que piensas o lo que se inventa uno, porque a veces la personas se vuelven la historia que inventan, que no son verdad, pero que definitivamente no son mentira.
Esto en realidad me puede emocionar. Escribir frecuentemente es una aventura, pero es terrible hacerlo en “automático”, por mera costumbre como había dicho antes, escribir sin pasión es igual a acostarte a dormir sin sueño, como hacer el amor sin amor, como leer sin prestar atención a lo que estás leyendo.
Yo admiro a esos hombres que pueden escribir toda la noche sin parar, o los que pueden planear todo un libro sin miramientos, como si estuvieran soltando mandobles a diestra y siniestra, admiro a Joyce por hacer el libro de la historia de un día. A los beats por hacer rollos de historias por pura necesidad de escribir lo vivido, o lo vívido, a los que no tartamudean como yo a la hora de decir lo que quieren decir sin pudor. Escribir con pasión es como desnudarte, sin que te paguen, porque quieres quitar el velo de lo que eres, porque alguien desnudo no puede esconder un arma más que su propio cuerpo, así como escribir por emoción es tener sólo el alma de las palabras.
Y suena bonito, hasta cursi, pero es lo que creo, y es así con todo. No puedo ir a trabajar pensando que lo que hago me fastidia, o me parece inútil, cuando eso pasa no estoy trabajando, porque el trabajo debería liberar al hombre, no esclavizarlo, no estaría trabajando, estaría “chambeando”, y no es lo mismo, la chamba es una carga, el trabajo es una emancipación. Por eso me dan risa y pena la gente que está tras un escritorio sin ni siquiera disfrutarlo, son como inconformes sexuales, como máquinas andantes, no quieren tratar con las personas y trabajan de eso. Muchos trabajamos para no estar solos.
Y no, no crean que soy una persona toda pasión, deberían verme, todo timidez, todo paciencia, y a veces soy medio apático, a veces hasta vivir me da hueva.
no puedo fingir y suponer que todo está bien, que nada me afecta de tal manera que mis ganas queden intactas, la costumbre, la maldita costumbre golpea hasta las cosas más sublimes: mi amor por la música, mi amor por el silencio, por el libro que ya leí y que me duele, que me duele tanto que hasta me acostumbro al dolor, como el dolor de espalda por el que tanto lloriqueaba y que se ha vuelto parte de mis achaques. M acostumbré a perder en los juegos de mesa, por eso soy buen jugador, pero ya no me emociona. Y hasta en el amor hago ese tipo de conseciones. Me pierdo en la maldita costumbre, en la costumbre de querer y no ser querido, de que me quieran y no querer que me quiera. De que me duela cuando se va, y que le importe un comino quedarse, me da hueva, me aburre, debo confesarlo. Yo no soy el Ché Guevara. Yo no soy auténtico ni hago las cosas por pasión. Por eso escribo sobre este tema, porque necesitaba confesarlo apasionadamente para sentir que escribo porque me apasiona, para sentir que todavía escribo, leo, escucho música y trabajo porque me apasiona, porque confesar una pasión es recordarla, revivirla. Por que me aburrí de estar aburrido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario