martes, 19 de enero de 2010

Profe

¿Por qué insistir? si la historia (ni más, ni menos) nos da la lección. Priamo, después de defender y gobernar durante muchos años la ciudad que parecía que nunca iba a caer, sufrió la caída no sólo de la ciudad, sino de su hijo y, por cierto, el mejor hombre y militar de Troya, lo vio caer destrozado, molido ante el mejor guerrero de la historia. Aquiles llevó a Héctor hasta su casa de campaña arrastrándolo y dejando que los perros comieran su carne en el trayecto.
Podríamos decir que a final de cuentas vale la pena seguir porque Aquiles sí tuvo una victoria. No tendríamos que seguir el ejemplo de Héctor ni el de Priamo, si no el del ganador. Pero resulta que Aquiles muere desangrado por una flecha inserta en su famoso talón. Los ganadores también mueren. Entonces la duda sigue: ¿por qué seguir luchando? Si ante la fatalidad nada parece imponerse.
Y no sólo ellos. Cayó Napoleón, Aníbal, Hitler, el imperio romano, cayeron héroes y villanos, todos al parecer invencibles. Pero el tiempo no deja lugar a dudas. Todos caen, todos caeremos.
Pero la necedad paga, y no sólo a los grandes hombres. Conozco profesores que se hacen la misma pregunta, para qué dar clases si los alumnos no se ven interesados, si no cambiaremos nada. Pero se responden a sí mismos que es mentira, que vale la pena, que al final Priamo, Aquiles, Héctor, Napoleón fueron unos necios… porque sólo la necedad nos deja lecciones en la historia (ni más, ni menos).

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