Lo absurdo puede ser definido como lo irracional, pero eso es parcialmente hablando, porque en realidad frecuentemente lo absurdo es parte de la racional, por lo menos la parte contraria, lo que no implica que sea la parte distinta… esto suena confuso pero expliquémoslo de una manera sencilla: resulta que lo que consideramos normal y parte de la razón es epocal, es decir corresponde a un lugar y a una época en específico. De tal manera que lo que ahora suena ridículo y absurdo puede ser de lo más normal en otra época. Hablar públicamente de sexo era reprimido en otra época, mientras que ahora resulta común ver insinuaciones sexuales en los medios de comunicación, en comerciales, en programas, en páginas de internet. Como vemos, lo absurdo para unos en algún momento puede resultar muy común en otro lugar y en otra época. De tal manera que lo absurdo es, frecuentemente, pie de inicio para lo racional.
Gastón Bachelard explica esto nombrándole espíritu conservador. Hablamos de aquel espíritu que se niega al cambio porque se horroriza a lo nuevo por considerarlo pervertido, irracional, fuera de toda base común. Por su parte el espíritu joven y revolucionario pugna por los cambios que considera necesario ante el inminente estancamiento que implica “dejar las cosas como están”.
Por su parte Humberto Eco habla de estas posturas señalándolas como apocalípticas e integradas. La primera se escandaliza ante el deterioro de la cultura mientras que la otra enarbola la asimilación de los nuevos elementos culturales. Todos, según eco poseemos ambas posturas en menor o mayor medida.
El mes pasado (mayo por si no se acuerdan) conmemoramos los cuarenta años del movimiento estudiantil en Francia, un momento en el cual valores reflejados en las teorías de Marcuse, Sartre, entro otros, movilizaron a parte de la sociedad francesa pidiendo cambios y libertades a un régimen que se volvió conservador liderado por un héroe de la segunda guerra mundial, un héroe revolucionario, consecuente, pero que se había vuelto conservador. Las peticiones de los muchachos franceses resultaban ridículas, absurdas, y es cierto que muchas de ellas que pensaban cambiar la realidad no se llevaron a cabo. Pero fueron un pie de apoyo para modificar la sociedad de aquel entonces.
El absurdo en cierta parte de la obra de Albert Camus se refiere más a otra cosa, se refiere a la cotidianidad, a levantarte todos los días, acicalarte, ir al trabajo en trasportes donde la mayor parte de la gente comparte apatía, aburrición, y de repente te detienes un día y te preguntas por qué… y no encuentras respuesta, más que la de hacer las cosas por aferrarte al único tema problemático humano: el de la existencia.
Lo absurdo no es sólo vivir, los absurdo es pretender no cambiar la realidad si está es injusta, dolorosa o simplemente incómoda. Lo absurdo es pensar que no tiene sentido intentar cambiar la existencia, lo verdaderamente ridículo es no seguir luchando, no alzar la voz. Sigamos pidiendo lo absurdo. Pidamos cambiar el hecho de la miseria, de la explotación. Mayo ha pasado, perola vida sigue, y el absurdo nos dará el sentido en el que podremos seguir luchando.
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