Los imperios funcionan, al parecer, de la siguiente manera: Al principio son una concentración de energía humana que se empieza a expandir, crece tanto que empieza a engullir tanto territorio como voluntades de pueblos que, a pesar de resistirse, sucumben ante el poderío de esa energía humana que se vuelve más grande, adopta más tecnología de los pueblos derrotados y se va forjando una identidad en la cual están convencidos que lo mejor para el universo conocido es que el imperio los gobierne… por el bien de todos.
Han sido capaces de crear y manipular conceptos como Justicia, Dios, Destino, y el mismísimo Imperio para avalar su crecimiento al parecer irrefrenable, y frecuentemente desconsiderado.
Pero un día, algo pasa, el pesado mastodonte se resquebraja ante la fuerza de algunos desarrapados que tocan un punto que lo quiebra todo (uno es Espartaco, todos somos Espartaco).
El problema es que este imperio nuestro de cada día se niega a morir a pesar de mostrar en repetidas ocasiones su ineficacia, y nosotros seguimos manteniendo a nuestros Cesares en sus tronos y cediendo cada vez más nuestra independencia. Basta con ver que países como Italia y Grecia (las cunas de la civilización occidental), han cambiado a poderes ejecutivos por gerentes del banco mundial.
Algo tiene que pasar. Algo… algo maravillosos y grande
Como diría Efraín Huerta:
"Che"
En
La
Calle
Deben
Pasar
Cosas
Extraordinarias
Por
Ejemplo
La
Revolución.
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